Diario de León

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La obra de Stefan Zweig ha pasado al dominio público, o sea ya es de todos y para publicarla no habrá que pagar derechos de autor, salvo a los traductores. También ha entrado en la lista la de nuestro Miguel Hernández. Pero hoy quiero escribirles de la de Zweig, porque me lleva hasta Brasil, país en el que el escritor austriaco se suicidó junto a su pareja. Estaban convencidos de que el nazismo iba a ganar la guerra y que con su victoria se impondría la destrucción de todo aquello por lo que merecía estar vivo. Hitler no ganó, de haberla ganado nuestro mundo sería aún mucho peor del que conocemos. Zweig había tenido que huir para salvar su vida, tanto con motivo de la Gran Guerra como de la Segunda Guerra Mundial. Era judío y austriaco, aunque aún más ciudadano del mundo, hijo de una concepción universal de la cultura. Se rindió al suicidio cuando ya no pudo más, cuando creyó que ya estaba todo perdido para eso que llamamos Humanidad. No lo estaba, pero las amenazas siguen ahí, como demuestra ese asalto a las instituciones llevado a cabo por la ultraderecha brasileña, consecuencia de la siniestra lección del maestro Trump. Sin el ataque al Capitolio no se habría dado. Los nuevos Goebbels están experimentado en la sombra con la manipulación de las masas. Y siento compasión por Zweig, de quien he leído al menos tres obras maestras: «El mundo de ayer», «Carta de una desconocida» y «¿Fue él?». Y me viene al corazón la fotografía de la pareja vencida. en la cama del hotel. Y pienso en los hoy desesperados, y quisiera gritarles que el mal no triunfará, aunque nunca haya sido vencido del todo. O los males. No te rindas.

Todos nos hemos visto sorprendidos por hechos que jamás pudimos imaginar que viviríamos. Hemos sufrido una gran crisis de la economía, no erradicada. Hemos vivido confinados por una pandemia, que aún nos condiciona. Tenemos una guerra cercana, que además de indignarnos nos recuerda que el peligro nuclear existe, pero también la posibilidad de que seamos nosotros quienes un día estemos en una larga fila de refugiados. No nos rindamos.

Lean a Zweig, gran narrador de historias, creador de personajes, culto y ameno, siempre en diálogo con los misterios de la condición humana.

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