Diario de León

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En política, en los momentos de crisis aguda, suele dar resultado optar por la vía inaugurada por Winston Churchill cambiando de partido para no cambiar de ideas. Ciudadanos, que fue una brillante apuesta para frenar al separatismo en Cataluña pero que terminó siendo víctima del mal de altura cuando de la mano de Albert Rivera dio el salto a la política nacional, vive días de quebranto en un ambiente de liquidación.

Pese al meritorio esfuerzo de Edmundo Bal, el hundimiento total de su candidatura en las elecciones de Madrid -ni un solo diputado donde había tenido 26- ha sido la puntilla. El inexplicable error de Inés Arrimadas prestándose a servir de cofrade de La Moncloa en la maniobra de las mociones de censura en Murcia le abrió al partido la puerta de algo peor que el descrédito. Hablo del ridículo.

Todo el mundo percibe que Ciudadanos es un cadáver político. Todo el mundo menos Inés Arrimadas, la heroína que fue en Cataluña y que se convirtió después en la administradora de la decadencia de un partido que había surgido de la necesidad de contar con un centro capaz de actuar de bisagra entre el PSOE y el PP.

El estado de ruina política del Ciudadanos se explica por la errática conducción de Arrimadas que cedió al maquiavelismo de Pedro Sánchez calculando —mal— que por la vía de las mociones de censura —traicionando sus acuerdos con el Partido Popular— podría haberse hecho con la presidencia de al menos tres comunidades autónomas (Murcia, Castilla y León y Madrid) y algún ayuntamiento.

Erró en el cálculo y, lo que es peor, apostó en la jugada su credibilidad política. El resultado de las elecciones de Madrid ha sido el certificado de una muerte política anunciada de la que Arrimadas no se ha querido dar por enterada.

Algunos de sus compañeros que sí han leído bien el mensaje han dejado el partido y, o están llamando a la puerta del PP, o están a punto de hacerlo. Con el PSOE en horas bajas y con Podemos descabezado, la integración de Ciudadanos en el Partido Popular parece la salida natural en un tiempo político de buenas expectativas para el centro derecha.

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