lunes 24/1/22

Abajo con el pan del estraperlo

Las malas noticias vienen solas. Esta es fatal para los que se creen la igualdad del género humano, planteada así, como base ideológica del selecto club de países adscritos a los postulados de Mao y Sendero Luminoso. Ante las mismas circunstancias, unos tratan de subsistir y otros, de hacerse ricos. A un tris de devolver la cartilla de racionamiento a la carpeta de documentos imprescindibles para llegar a fin de mes si te da el alto la autoridad, los millennials se preguntan en qué capítulo del fin de los tiempos que apuraba el cambio climático se anunciaba este desenlace cruel, que no lo vieron. Las mascarillas de hoy son el pan de la posguerra, el pan negro, el pan de las barreduras de la molienda; el estribillo del arriba con el tirolirolí y abajo con el pan del estraperlo. No pasará nada que no fue cuando la vida y la lealtad mostraron idéntica fragilidad. El contrabando siempre llega a donde el Estado no alcanza. El estraperlo, ante el desamparo. La pandemia deja atardeceres inmejorables para el despliegue de alijos. Noches de diseño para la cirugía de los Peaky Blinders y su capacidad envidiable de solucionar la escasez; del whisky entre granadas, el opio en algodón, el horno artesano para tostar el ron, imprescindible cuando se trata de abordar las urgencias de una ley seca. Una destilería encubierta de la Brothers Shelby SL con acceso disimulado a un muelle de carga acabaría con el desabastecimiento de alcohol y mascarillas que padece la quinta economía de la Europa Occidental. El pan del estraperlo de hoy para el hambre que da el miedo al contagio. El estraperlo, el arte de pasar género en las alforjas mientras España mataba el apetito con un corrusco de pan, tiene un argumento de película. A ver qué plataforma de ficción se anima y recrea la ruleta que llegó a los casinos en la Segunda República, previo paso de untar mermelada en la tostada de Lerroux y Salazar. Al final, todos los extremos se tocan. Otra vez los Peaky Blinders. «¿Qué clase de lista policial juntaría a un comunista y a un corredor de apuestas? Podría ser la de hombres que dan esperanzas falsas a los pobres; la única diferencia es que mis caballos sí tienen una posibilidad de ganar». Hay días que dan ganas de llamar a Netflix: ¿Está Tommy Shelby? Que se ponga.

Abajo con el pan del estraperlo
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