jueves 21/1/21

Atado en el Cielo

Que ha dicho Francisco, Su Santidad, que le parece necesario y urgente un marco civil para las parejas gays, un amparo legal que normalice esa ya amplia franja social. Con un asunto así, y en ese sitio vaticano, no podía armarse otra que la de Dios. Se armó y la retroguardia cardenalicia ensancha las aletas de la nariz husmeando en el aire el perfume del Anticristo, ante lo que el Papa pide que recen por él, como hizo al despedir la visita de Sánchez días atrás, con voz temblorosa sintiendo que le están removiendo el suelo a sus pies Y aunque ya se dijo que el Sumo Pontífice no habló nunca de matrimonio, ni mucho menos de arrimar ese criterio a la doctrina católica, la carcundia purpurada se alarma: ¡¿y cuánto tardarán en llegar las bodas de manfloritos (y manfloritas) al sagrado altar?!... y la Santa Sede insiste: el Santo Padre dijo eso hace dos años, aunque se repita ahora, y ahí solo se refiere a una realidad civil y que civil ha de ser la solución a ese vacío legal. A ver: civil. Y el Cielo puede esperar.

Eso dijo. No más. Y nada menos. Aún así, ahora vete y explícaselo a don Fidel.

Por recordar el respeto al rango de quien ocupa la sede de san Pedro -respeto que con este papa se licúa en un Francisco a secas con retintín de confianzudo Paco- van aquí en negrita las calidades del cargo que de siempre se usaban para referirse a quien detenta como títulos principales del solio pontificio los de Vicario de Cristo en la Tierra Obispo de Roma (más que urbe, aquí Roma significa orbe). Quiere decirse que no han de olvidar estos tratamientos (y el respeto al que obligan) todos los católicos a los que saca de quicio, o sea, del confort de sus dogmas, este jesuita (¡y además argentino!) que se mete en políticas, inmigraciones, conflictos, corrupciones, ecologías, feminismos... Lógico, pues, el alborozo que esta postura del papa provocó en el colectivo gay. Nunca hubieran encontrado mejor y más influyente espaldarazo. Ahora solo confían en que haya en el Cielo una Secretaría Civil para que, así, lo que el papa ata aquí abajo civilmente quede atado allá arriba.

Atado en el Cielo
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