jueves 02.07.2020

Cambiar de mundo

Todo el derredor de Palacios de Compludo es un espeso cinturón de árboles que lo acosan y aprietan con agobio frondoso hasta meterle besazos de sombra entre sus casas aferradas en escalinata a la ladera de un monte grandón que puso la vida en cuesta a toda su gente pobladora haciéndola esclava del pan de centeno, de la vida apizarrada y de un futuro ruin, razón por la que hace ya cuarenta años se despobló hasta el vacío total. Así herrumbró fierros, ortigó huertos y molió tejados unos cuantos años, incluso un incendio del monte se le metió en 1987 hasta la cocina devorándole una docena de casas. Entonces, una buena gente le echó el ojo y el corazón para convertir el sitio y su entorno en un aparte distinto con algo de santuario, un preservatorio que desde hace veinte años es reserva ornitológica. Y rehabilitaron casas y el lugar sin los sustos o espantos tan comunes por todo el Bierzo alante, es decir, respetándose la bella seña de la casa berciana que levanta muros con la solana a poniente encuadernando piedras chanas y techando con losa que hoy es, por mor y economía, pizarra finita y cuadrada, no aquellas grandes e irregulares llousas que daban a los tejados un aire de pellejo de dinosuario por estar, además, musgosas y algo combadas sus cubiertas, bien por la edad o mal por algún error de cálculo del clásico albañil tirapalante.

De la resurrección de Palacios de Compludo es madrina la asociación Tyto Alba (al principio, un colega preguntó a qué personaje se honraba con ese apellido tan honorable y nombre propio tan familiar, como diminutivo de Vicente, pero tyto alba es el nombre científico de la lechuza común, curuxa en el Bierzo galeguil, coruja algo más acá, niétoba n’asturianu ranciu). Desde hace treinta años esta gente se aplica a estudios ornitológicos y a defender el patrimonio natural. Y Palacios es ese movimiento que se demuestra andando. En el pueblo viven ocho de sus miembros el confinamiento... en el que ya vivían, como tantos pueblos.

¿Cambiar el mundo?... coces contra el aguijón... mejor: cambiar de mundo.

Cambiar de mundo
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