miércoles 25/5/22

El Tío los Nabos

Agotándose una cosa o suceso, mi madre sentenciaba: Aquí murió el Tío los Nabos, como quien dice hasta aquí llegó la riada, por no añadir «y de muertos, a la vinagre».

Concluye hoy un año de infeliz recordación, enciclopedia de la sinrazón y el sinsabor (y sinolfato, si agarraste la covid por el rabo). Visto así, ¡muera 2021 entre maldiciones y olvidos!, aunque tampoco gastes muchas bendiciones con el año que te llega con tres patitos y un rosco, 2022, y con toda la pinta de venir como prórroga de la partida inacabable contra un bicho y su corte de mutaciones y políticos mutantes. Aunque si viene así de borde, cuando te pregunten ¿qué tal?, podrás decir como aquel argentino de eufórica resignación: ¡Mal... pero acostumbrao!.. En todo caso, ojalá digamos al fin ¡aquí murió el Tío los Nabos!; chau, baibai, agur, adío, adieu, que te ondulen y te den. Y hoy, amaneciendo a los propósitos, hagamos también caso a Catalina de Siena, consejera de dudosos y doctora de la Iglesia, que harta de corrupciones y simonías clama «¡Abrid los ojos y mirad la perversidad de la muerte que ha venido al mundo!... ¡basta de silencios!, ¡gritad con cien mil lenguas, porque, por haber callado, el mundo está podrido!»... brava voz de su tiempo.

Callarse es otorgar. Durante la II Guerra Mundial el pastor luterano Martin Niemöller, testigo de aquellos prólogos, escribió algo que erróneamente se atribuye a Bertol Bretch: Primero vinieron por los comunistas y no dije nada porque yo no era comunista. Luego vinieron por los socialistas y no dije nada porque yo no era socialista. Después vinieron por los sindicalistas y no dije nada porque yo no era sindicalista. Más tarde vinieron por los judíos y no dije nada porque yo no soy judío. Finalmente vinieron a por mí... y no quedaba nadie que hablara en mi favor.

Haz de Quevedo y maldice el silencio en 2022: No he de callar por más que con el dedo, ya tocando la boca, ya la frente, silencio avises o amenaces miedo; ¿no ha de haber un espíritu valiente?, ¿siempre se ha de sentir lo que se dice?, ¿nunca se ha de decir lo que se siente?...

El Tío los Nabos
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