lunes 24/1/22

Esas cejas, pordiós

Las cejas que hoy la moda dicta llevar a no poca mujer -cejas como trazadas a pincel o a navaja- tienen algo de pilingui de varietés y una gran labor de estuco y estarcido como quien dice de chapa y pintura. Me admiran. Se llevan mucho las que exageran perfección de líneas yendo del cuchillito sarraceno al estilete curvo por imitar a tantas famosas que florean en medios y redes, modelos a seguir, igual que sucede con la epidemia tatuadora con que copia el mocerío a sus ídolos de músicas o deportes.

A menudo se pasan un pelín o pelado haciéndole a esas cejas carretera nueva o trampantojo de betún. El muestrario es infinito, aunque la ceja que ya no se lleva nada es la circunfleja zapatera que tanto la guiñó antaño gente de las letras, de la escena o de arrimarse a escenarios. Pero en este punto me corrige mi doña y aporta fotos y fotos de jovencitas de hoy hijas del gótico fané o hermanas de lo estrambótico gagá con cejas aún más zapateras, chinescas, de tejadito, payasas, faca gitana a medio abrir unas, tal que compás de masón otras. Qué cejas, pordiós... y de colores algunas.

Unas buenas cejas acentúan la imagen que se busca en esta vida-escaparate: cejas de mujer fatal o sensual o ideal, felina, oriental, altiva... y donde se dice mujer dígase hombre, que si hay que depilar, segar y dibujarse cejas, se tira también al pilón tropel de muchachada o maduritos de gimnasio, pádel y fisioterapeuta. Hay cejas pa to, dijo el torero filósofo... y pa toa, le precisó ecualizando Otavito, que añadió que a los tíos, además, les tira mucho hacerse muescas en la ceja esculpida como en culata de revólver, aunque en realidad quieren simular cicatrices por darse un aire de tipo malote, ese puntito masculinazo que sigue teniendo devotas («hay cicatrices que embellecen», le dice Jane Russell a Henry Fonda). Y el quite por chicuelinas le tocó a Peláez: ¡Quién nos iba a decir que «por sus cejas los y las y les conoceréis»! y que sería tan fácil lograrlo al primer vistazo sin necesidad de entrar en preguntas o esperar detalles... pero lo mejor es la alegría de los espejos por tener tanta visita.

Esas cejas, pordiós
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