sábado 23/10/21

Esto es schwingen

C uando cruzamos Riaño, Otavito reparó en el orgullo riañés de tener la única catedral de la lucha leonesa, la mejor construcción (y bien guapa) hecha específicamente para este deporte autóctono que, por liturgia vieja, se celebró y celebra en corros en las eras o afueras del lugar, con gradas de tablón los más nombrados (no siempre) y sin sombrajo (siempre) y ahora a cubierto tantas veces en feísimos pabellones deportivos que parecen fábricotas de cualquier cosa o, peor, almacén, nave ciega. Lógico, pues, el orgullo del nuevo Riaño (como pueblo nuevo fue innecesario, cree Sócrates) por su catedral de maderamen.

Pero Peláez malmetió: la lucha leonesa no es invento leonés como te dicen o suponen por aquí patentanto ombligos y candados; humillad ese pendón. Otavito se rebotó: ¡vale ya de abollar a León, inflagaitas doctorao!, que ya la cita el historiador Estrabón hace 2.000 años: «los astures se ejercitaban en luchas gimnásticas»... ¿y?... el regreso hasta casa (veníamos de Covadonga y sus lagos) fue una perorata de Peláez que apenas lograba Otavito interrumpir y que Sócrates y Menchu tampoco lo consiguieron poniendo alta la música de la radio a cada poco por amansar al bicho en trance de darnos una conferencia sobre antropología deportiva. Le resumo: trabarse cuerpo a cuerpo en pelea simulada lo hace el hombre desde las cavernas; los celtas lo difundieron colonizando Europa; toda raza y cultura tiene ancestros y reglas de este juego; los griegos lo hicieron olímpico; y León, culo del mundo y puerta de finisterres, no pudo inventarlo, le llegó de lejos como la gente que vino a poblar, despoblar o repoblar sumando a sus saberes lo que iba llegando por loas sendas de la historia. Es como el mastín... ¿leonés?; pon inmigrante de tatarabuelo armenio, abuelo romano y padre suizo. Y la lucha leonesa es como el schwingen, aluche suizo y deporte nacional; por internet sabréis de él y asombra tanto parecido, envidiaréis su enorme popularidad y quizá reconozcáis que no sois nada nuevo... y en calzoncillos de luchar, menos. Otavito prometió entonces taparle la boca un día. Qué plastas.

Esto es schwingen
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