miércoles. 10.08.2022

La urz aún da

Cruzando el Arco de la Cárcel camino de la escuela topábamos muchos días, sobre todo en invierno, con algún carro cargado hasta el colmo de urces en gavilla. Como combustible, la urz es tan inmejorable como fugaz, sus aceites garantizan un rápido arder y no hubo mejor arrancadera para un fuego de leña o carbón que un buen manojo de este matojo que chisporrotea vivaz expandiendo llama al instante. Aquellas urces que veíamos iban destinadas a los hornos panaderos o confiteros, a calefactores, carbonerías y a particulares de buena caldera. Por entonces, una vieja ordenanza municipal establecía que estos carros de urces debían abandonar la ciudad antes de las nueve y media de la mañana, pero ese rigor de siglos pasados para evitar incendios no era tan riguroso en aquellos años 50 de piojera y posguerra aún. Eran carros que venían mayormente de la ribera del Torío en cuyos montes abundan lo que sus pueblos llaman uces. Todo el esforzado trabajo de cortarlas, bajarlas del monte y después traerlas a la ciudad a paso de vaca o a peón y repartirlas puerta a puerta no debía dejar gran ganancia porque siempre veíamos a los urceros con la misma ropa astrosa y el gesto abatido.

Tuvo que venir esta estampa a la charla porque hay lío con una empresa que opera en Brañuelas cosechando brezo con el placet y ayudas de administraciones locales y regionales, aunque un concejal de Cs exige a la alcaldesa de Villagatón que abra una investigación por las penosas condiciones laborales en que tiene a trabajadores y por daños ambientales. Por su parte, el consejero Quiñones bendice y alaba estos aprovechamientos. Y es cierto que además de dar perras y empleos esa urz, segarla es útil si se plantea con criterio cortafuegos contra las llamas que más pronto que tarde revisitarán esos montes ya conocedores del quemón rutinario. Y es que todo brezal es una alfombra mágica en la que el fuego puede volar saltando de una mata de robles o otra mata y devorándolo todo. Así lo grita en negro hoy la Sierra de la Culebra con su brezal hecho ceniza.

La urz aún da
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