miércoles. 06.07.2022

Los niñatos

E speranza Aguirre se inventó a sí misma para andar de boca en boca como el porrón y las mentiras. Cada poco se busca y a veces se encuentra, como en el último jardín donde se metió para que la retratara El Mundo; y ahí le crecieron los niñatos por no atreverse a llamarles enanos (el circo es ella). El dardo iba para el Almeida alcalde y no para la Ayuso presidenta de la que se creerá descubridora y entrenadora, aunque también esa Isabel suya le va sobradita de niñata lenguarata puesta en plan. Pero no habló de niñatas, sino de niñatos... uy.

Es viejo esto de los dinosaurios y jubiletas de los partidos sembrando coscorrones de vez en cuando a quienes les sucedieron en poltronas y dignidades o a los que arriban desde anonimatos juveniles usando tan sólo simplezas con lucecitas, peloteo y un tuneo de su estampa (más o menos como ellos hicieron, pero degradando, piensan). Y es que por llamar a su larvario Nuevas Generaciones reiteraron el mito de que toda generación ha de matar a la anterior y que todo hijo ha de matar a su padre (de alguna forma o por el método tradicional), así que cualquiera se siente en ese frente de juventudes de los populares como «de última generación» o «generación 2.0 y abran paso». Y esta Aguirre -o la cólera de Dios- siente que con esas prisas y lucecitas le faltan al respeto y ningunean la historia, esto es, que ella ganaba por unas mayorías que los niñatos de ahora para sí quisieran (los tontos -y las tontas- se delatan porque nunca superan un éxito).

Llamar a alguien niñato equivale en España a decirle cretino o, mejor, payaso; pero hacerlo con arte y sin que se note solo cabe en gente con la retórica de estrado y estilo de Jose María Suárez, que fue alcalde de esta ciudad, diputado, culto abogado de pro y que, para describir el niñismo amilivio de su partido, usó una imagen donde lo corrosivo no vence a la literatura; ¿qué te voy a contar?, decía, antes los ceniceros de la ejecutiva quedaban llenos de colillas de winston; y ahora, de pipas de kiosko... o sea, ¡quien con críos se reúne, apuñaladito se levanta!

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