martes 26/1/21

Luisito

S i llegando a los ochenta siguen llamándote Luisito, ¿cómo no deducir que tras el diminutivo ha de haber solo cariño y alguien entrañable, gente buena de verdad?...

Ese fue Luis Sáenz de la Calzada. Sobre su obra plástica ha publicado un libro el pintor Adolfo Álvarez Barthe reclamando la consideración que merece y no siempre tributada en este León madrastra. Hombre de amplitud creadora, artista, pensador, pintor y poeta, médico dentista y biólogo, hijo de la Libre Enseñanza y del kraussismo, entregado teatrista junto a Lorca en La Barraca y sensible naturalista en el primer ecologismo cazurro cofundando el Club Cultural y de Amigos de la Naturaleza, el Cancán, en coloquial, refugio y criadero de alternativas en tiempos huérfanos de pensamiento y contestación en una ciudad levítica y callada, club que tanto tuvo que ver -Luis mediante- en la batalla ganada a una central nuclear en Valencia de Don Juan, 1975.

Luis pintaba porque quería una otra voz de color y trazo. Libre. Ni competía ni desdeñaba. Pintó a su modo. Y no solo uno. Sin militancias de estilo, y siempre tentado a simbolismos y surrealismos, lo vivido en la Residencia de Estudiantes en Madrid, su patria intelectual 1932-36, Lorca en cercano, Buñuel, Dalí... mundo que revivió al traerle aquí hace treinta años a Isabel Lorca, José Varela, Pepín Bello y viejos «estudiantes» con una exposición sobre Lorca que monté en Pallarés. Y aquella noche, en la sobrecena en el relais de San Marcos, cantaron a coro en el alemán que dominaban. Crémer flipó y a Luis le bailaban los ojos con sones que le devolvían a un tiempo enorme y creativo. La charla fue interminable Y lo eran todas las suyas en los fértiles juntamientos que convocaba Jaime Quindós. La risa y la ironía las hacía pinceles. Jamás le vi un decir mal. Y siendo un vencido entre vencedores, se ganó su respeto; o en su antípoda ideológica, algún amigo entrañable, como José Eguigaray, al que pescando al sereno con ellos en el Órbigo aún oigo llamarle a voces para ayudarle a sacar un truchón: ¡Luisitooo, Luisitooo!... ya te contaré.

Luisito
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