domingo 28/2/21

Piedras a peseta

Otavito no averiguó mucho más de lo sabido: que los dos medallones barrocos que flanquean la espectacular puerta principal de la mansión-castillo que en 1921 se hizo en San Simeón, California, el magnate de la prensa que inventó el amarillismo, William Randolph Hearst, pertenecieron a la joya barroca de San Marcos de León... y que alguien hubo de vendérselos, pero sin ninguna pista de cómo ni cuándo, ni por cuánto, aunque es fácil deducir que salieran escandalosamente baratos, ganga de tonto estafado. Poco más se puede averiguar, nos dijo, y resolver el enigma corresponde a la lógica del lector o a su imaginación: ¿fue venta bajo manga del director del museo compinchado con el interventor?... ¿se engañó con llevarlos a restaurar?... ¿se simuló donación de León a un Museo Nacional o regalo a Alfonso XIII para algún palacio... o pazo?, porque en esto de hacerse el pelotas arrastrao y despilfarrar patrimonio los leoneses suelen mostrarse estúpidamente generosos... lo único cierto es que volaron... nueve mil kilómetros... eso sí que es lanzar piedras y esconder la mano.

No solo fueron los medallones; Hearst quería un «chalet» de mil pares (vea fotos el lector en internet: Castillo Hearst), atiborrado de piedra original romana, gótica, plateresca, barroca, modernista (de España se llevó mucho) en una montonera entre castillo y catedral que para unos es puro kitch y hay quien lo ve bello y magnífico. Hoy es público y visitado por un millón al año. Pero a Otavito le llamó la atención que también hay en ese monumental alarde un artesonado mudéjar palentino porque que en la primera mitad del siglo XX salieron de España más de doscientos artesonados, una España amiseriada tras perderlo todo y malvendiendo las joyas de la familia para no comer solo nabos y almortas.

Y ahí Sócrates rejoneó: ¿cómo hubieran acabado esos artesonados de haber seguido en sus descuidadas iglesias o palacios?... al menos a ese de Palencia se le puede ver hoy intacto gracias a un ostentoso Hearst... «el patrimonio, para quien lo trabaja o lo cuida».

Piedras a peseta
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