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León

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Historias del reino margarita torres

Tal día como ayer viernes, en un reconocido medio asturiano, se ilustraba a los lectores con una columna de opinión intitulada «La novela Sama-Velilla». Su autor recogía la oferta de Chaves, la negativa de las organizaciones políticas leonesas, también la del alcalde socialista de Aller. Añadía en su relación de opositores a lo que él denomina «sindicato de novelistas, ecologistas y ediles que mancomunan sus esfuerzos» para torpedear el futuro de una nación poderosa que, sin este proyecto, camina hacia la oscuridad energética, hacia un mundo más propio de las cavernas prehistóricas que de Futurama. Sus argumentos, como los de muchos defensores de este recosido medioambiental, parten de una supuesta necesidad de salida por tres vías del excedente eléctrico asturiano: la Soto-Penagos, la que comunica Boimente con Grado y aquella cuya construcción se pretende desoyendo las críticas de esos ecologistas, técnicos, asturianos, leoneses, y simples ciudadanos, algunos de ellos convencidos y políticos, otros políticos oportunistas y no tan convencidos. Aseguran quienes se han convertido en adalides del desafuero que sin la Sama-Velilla, el apagón de San Francisco quedará en broma de niños comparado con lo que sufrirá el porvenir de Asturias, cuyas plantas industriales no podrán soportar la presión del mañana con las realidades del ayer. ¿Pretende que olvidemos que la comunidad hermana lleva décadas de industriosa andadura? ¿Qué Asturias ya existía antes de la llegada de estos salvapatrias? ¿Qué miles de asturianos también se oponen a esta barbaridad?

Informes de Red Eléctrica sostienen que la calidad del suministro eléctrico en Asturias ya es satisfactoria sin la Sama-Velilla, porque desde hace años exporta más de un 30% de lo que produce, y que el apagón temido por el ilustre defensor de la línea no existirá jamás, aunque no se construya. Haciendo nuestras las reflexiones del profesor Julio Lago, cabría preguntarse por qué los esfuerzos políticos en Asturias y en León no buscan captar empresas en lugar de arrasar con el Medio Ambiente. Madrid, Cataluña o Valencia, que gozan de alto nivel de vida, arrastran déficit eléctrico y, sin embargo, ahí tenemos sus cifras económicas. Por otra parte, recuerden los lectores, que esos bonitos árboles de Navidad del tendido Sama-Velilla acabaremos por pagarlos los ciudadanos en la tarifa eléctrica, tal vez con los mismos dineros per capita que Chaves y Areces derramarán, cual señores feudales visitando aldeas de vasallos, sobre los habitantes de la montaña, expulsados de las tierras de sus mayores, en pro de una supuesta regalía del amo que les toca pagar de su bolsillo.

¿Por qué para la montaña asturleonesa no se barajan otras propuestas, entre ellas la gerundense, apoyada desde Europa, que soterra la interconexión entre España y la patria de Sarkozy por el durísimo impacto que supondría decorar los Pirineos con torres de muy alta tensión? ¿Es que acaso consideran ciudadanos de segunda a los asturianos y leoneses respecto a los catalanes? Ojalá algún día la voz de Juan Vicente Herrera se oiga tan alto y fuerte como la de Areces. Al menos aquí hay unanimidad en el rechazo, ¿o no?

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