Deprisa, deprisa y más difícil todavía
Crónicas bercianas | r. arias
Igual que en el circo. El hombre bala sale disparado hacia el espacio y tras dos tirabuzones cuasimortales aterriza milagrosamente indemne sobre la red. El público ahoga su pavor y su incre dulidad mientras el speaker anuncia el «más difícil todavía». Así parece que encaramos este 2010 administradores y administrados. Unos cual acróbatas desquiciados y otros como espectadores asombrados ante la crudeza del número que parece aguardarnos todavía para que el espectáculo no se detenga. Y todo en un marco de inusitada y agónica urgencia. Como la de los empresarios que quieren atisbar en el final del año los confines del desierto con una cantimplora en la que apenas quedan ya unas gotas de agua para saciar la sed de plantillas que se revelan bultos inasumibles como ha ocurrido esta semana con el personal de algunas subcontratas de Endesa o como amenaza con acaecer con los más de doscientos trabajadores de la eólica Coiper que apuntan al despido. Un drama macabro. Porque quienes siguen adivinando brotes verdes económicos a la vuelta de febrero o marzo se engañan y engañan con alevosía a los que prometen un oasis cercano que resulta más bien un espejismo delirante.
Deprisa, deprisa y más difícil todavía. Esa parece ser también la divisa circense de los políticos comarcanos para cruzar este atormentante Gobi. El alcalde de Ponferrada se ha puesto manos a la obra, y nunca mejor dicho, para colocar las primeras piedras de centro de formación integral del parque de la Juventud y del soterramiento del Canal de Cornatel en la parte alta de la ciudad. Debe haber calculado bien que en pleno año preelectoral doce o catorce meses no son nada cuando sobre sus credenciales de candidato del PP a la reelección pesa la inejecución de proyectos de tanta resonancia pública como los del propio parque de la Juventud, el Morredero o la transformación del Pajariel. La triple pirueta que aguarda a su hasta ahora fiel electorado tendrá que ensayarla además sin la red del maná de las licencias de construcción, del desplome de la actividad industrial y bajo el sabotaje natural de los recortes de las aportaciones del Estado a las administraciones muni cipales.
Con la vista clavada en el cielo -”tal vez implorando a la divinidad o esperando el batacazo-” es lógico que a los bercianos les importe un comino si el PSOE ponferradino designará ya al candidato Ramón o acaso a un supuesto mirlo blanco más joven y con carrera de Derecho que agrada a la dirección. O si el PP aparentará renovación con el relevo en la presidencia comarcal de Cerezales por Jaime González. Y no digamos el cambio de sexo en menores o el estatú .