Publicado por
León

Creado:

Actualizado:

El aullido | luis artigue

Toca un nervio del alma. Habla de lo de siempre sin ser convencional. Conserva la vibración de lo que es más humano que literario-¦ La teoría de la literatura denomina autoficción al proceso resultante del escritor que narra con detalle su pasado sin renunciar a que el fenómeno autobiográfico invada el terreno de la imaginación. Tomando elementos que proceden del género del diario e incluso de la poesía confesional, la expansión del fenómeno narrativo autobiográfico ha dado lugar a novelas de casuística muy variada que incorporan con frecuencia innovaciones técnicas notables, y cuyo intimismo universalizado impacta en el lector que no es de piedra.

Precisamente al marco de la autoficción se circunscribe sin ataduras la primera novela de Kirmen Uribe Bilbao-Nueva York-Bilbao (acaba de publicarla Seix-Barral y es el Premio Nacional de novela de este año). Utilizando como pretexto argumental un viaje iniciático del propio autor con el itinerario que marca el título -en paralelo a otro viaje que se nos cuenta simultáneamente en segundo grado de ficción-, ésta es la historia de cómo se forja la memoria de un hijo heredero de una estirpe de pescadores. Y es la historia de un mural pintado por un artista que antepuso la familia al éxito. Y es la historia de un arquitecto dotado con un refinado sentido de la amistad. Y la historia de un abuelo cuyo apabullante sentido común le convertía en un sabio emocional, y cuya esforzada vida de anecdotario penetrante sigue significando algo tras su muerte-¦ La historia, en suma, de una localidad -”Ondarroa-” y una familia que en estas páginas reciben un conmovedor homenaje conjunto. ¡He aquí un relato que no suplanta a la vida porque relatar forma parte de ella!

La prosa directa y metafórica es un rico fluir de la conciencia y la memoria y, atendiendo al por algunos momentos reiterado manejo de vocabulario, se intuye que gana mucho en su euskera original. La forma de enlazar pasado y presente resulta habilidosa. La estructura narrativa discontinua, que remite al posmodernismo, se corresponde con lo que Linda Hutcheon denomina novela-pastiche -de hecho integra todo tipo de materiales, letreros, esquemas, cartas, e-mails, páginas de diario, sin que nada resulte forzado- y el mundo realista general no renuncia a la rebeldía de lo imaginativo al construir alegorías de impactante universalidad. Pero, en mi opinión, por encima de todo, lo que mueve, esparce y desordena el corazón del lector hasta dejarle tocado es ese tono entregado a la causa de la ternura-¦ Un triunfo de la humanidad es el tono de esta novela.

El narrador, en un acto de singular honestidad, nos hace a un tiempo partícipes del argumento, del proceso de investigación para completar ese argumento, de sus influencias narrativas -al nombrar a Unamuno, Carson McCullers y Silvia Plath por ejemplo-, de las opiniones que va recibiendo sobre lo que escribe y hasta de sus sentimientos para con el modo de contar lo que cuenta: todo conformando así un canto narrativo al apego, a las raíces y a las esencias que nos vinculan con lo fundamental.

Cargando contenidos...

Vivimos en una época dispersa en la que el yo tiende a disgregarse; a diluirse en el impulso globalizador que nos dirige vertiginosamente y a ciegas: por eso cada vez es más necesaria la literatura que nos devuelve al primigenio terreno de lo que somos... ¡He aquí la novela del año!