Publicado por
León

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Pese a la tentación de ponerme a gritar «Bravo, Murillo», la actuación de la magistrada de la Audiencia Nacional deja una sensación inquietante. La de estar viendo a uno de esos bizarros jueces de Boston Legal que se permiten perder las formas en su cortijo. O peor, la de que tu vecina del quinto se ha subido al estrado a cantarle las cuarenta a Otegi. Tu vecina, como Ruiz Polanco cuando el etarra Harriet Iragi lo amenazó de muerte, también le diría «si no fuera juez le daría dos hostias». Y como Ángela Murillo, soltaría «¡Como si toma vino!». O «la sala no ha entendido ni papa». No quiero que mi vecina sea juez en la Audiencia. Prefiero que quien juzgue a Otegi (y a otros como él) sea como el Pantocrator medieval. Distancia, temor, mando y miedo. Aunque mi vecina también dé miedo.

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