Cómo desquiciar un país en 7 días
Crónica semanal manuel campo vidal
Hay semanas, como la que hoy termina, que mejor olvidarlas por el bien de la credibilidad de personas e instituciones. Es difícil encontrar en pocos días tanto vaivén de declaraciones y posicionamientos en dirigentes políticos, sindicales y empresariales. Es normal que la ciudadanía ande medio desquiciada con esa permanente ducha escocesa a su estado de ánimo. Desde el Gobierno a la oposición, de los sindicatos a la patronal, pasando por la Bolsa, el campeonato de «a ver quien se desdice más» se ha jugado en unos días de vértigo. Entre ese desconcierto, sólo los grandes patronos -Botín, Alierta y Fainé- y un político, el ministro José Blanco, se han erigido en referencia sólida.
De entrada, el Gobierno: anunció la jubilación a los 67 años y un plan de ahorro de 50.000 millones de euros pero mandó cifras distintas a Bruselas, filtró otras en España, para asegurar después que todo se podía discutir. Terminó aprobando el viernes una reforma laboral tan desnatada que el documento que la insinúa -porque no la concreta- le pareció bien tanto a empresarios como a sindicalistas. Ya veremos. A continuación el Partido Popular: primero pidió elecciones anticipadas, después propuso una moción de censura, pero su líder, Mariano Rajoy, se desmarcó de ambas propuestas porque PNV y Convergéncia no sumarían sus votos a esa moción. El viernes, su número dos, Cospedal, propuso otra fórmula, que «Zapatero se vaya y deje gobernar a los que saben, como el PP». De agradecer sería que adelantaran algo de cómo lo arreglarían ellos. Cristóbal Montoro, su portavoz económico, se ha limitado a quitar valor a la foto del viernes tarde en la que aparecían los presidentes del Gobierno, de la CEOE, Cepyme y los máximos líderes sindicales. Ojalá propusieran conjuntamente medidas para dar al país garantías de salida de la crisis. Y si en la foto se le dejaba hueco al Partido Popular, y otros, m ejor aún.
Nos ahorraríamos declaraciones como las del sindicalista Toxo que considera que «una cuadrilla de aficionados» está al frente del país. Es una idea que enlaza con un pensamiento extendido, aplicado tanto al Gobierno como a la alternativa, y que reflejan las encuestas. El CIS ha hablado claro esta semana: Zapatero baja en confianza de los ciudadanos, Rajoy no sube y sólo crece la popularidad de Rosa Diez que ya encabeza las encuestas. Y Cayo Lara, el líder de Izquierda Unida.
Con semejante cuadro escénico, con los mercados cayendo y el crédito internacional de España amenazado, los grandes patronos salieron al rescate: Botín, que se pronunció apoyando al Gobierno; Isidre Fainé, de La Caixa, que lanzó la consigna de que «hay que resistir» y César Alierta quien culpó a los «especuladores y a los bajistas de todo el mundo» del mal trago de la Bolsa española en esta semana. Para Alierta el último trimestre del 2009 fue mejor y para todos en el segundo semestre de este año, comenzará la recuperación «Comparar España con Grecia, es como comparar el Real Madrid y el Alcoyano, que debe estar en Segunda o Tercera división», dijo Botín, no muy puesto en materia futbolística. Menos mal que no dijo el Alcorcón, que eliminó al Real Madrid de la Copa del Rey. Faltó, sin embargo, una mención al comisario europeo Joaquín Almunia que en cuanto puede, dispara contra el crédito internacional de España.
Suerte de los grandes patronos y del ministro José Blanco. Los sondeos todavía no le hacen justicia pero, junto a Alfredo Pérez Rubalcaba, son los dos puntales del Ejecutivo. Son sólidos, mandan, buscan colaboración entre distintas administraciones y lo cuentan muy bien. Los periodistas que estaban el viernes en Moncloa escuchando a Blanco destacan su explicación clara y contundente de la apuesta por poner fin a los privilegios de los controladores. Todo el mundo reclamaba eso desde hace años pero nadie se atrevió a hacerlo. «Está bien la acogida - sostiene en privado Blanco- pero ya veremos cómo respalda estas decisiones la ciudadanía cuando empiecen los problemas de tráfico aéreo propiciados por ese colectivo». Para un político que toma decisiones, convendrá no dejarlo solo.