Diario de León
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En blanco | Javier tomé

B arcelona sigue regalando ideas. Si primero fueron los cafés literarios, provistos de cómodos sillones en los que se pueden hojear y hasta comprar libros nuevos o de segunda mano, mientras se degustan los cócteles del local, luego llegaron los restaurantes bie n surtido de libros de cocina para consultar, lo que suena de lo más coherente. Pues ahora, la cadena Dans le noir ha abierto uno de sus singulares restaurantes donde los clientes son atendidos a oscuras por camareros invidentes, transformados en guías de los comensales, obligados a disfrutar de los alimentos sin ver lo que están comiendo. Así, los más atrevidos se enfrentan a una diversidad de sabores, olores, texturas y temperaturas sin poder utilizar la vista, el principal de los sentidos. La cosa no suena mal, ya que semejante tejemaneje elevará sin duda la temperatura pasional del personal, electrizado por un cuerpo a cuerpo tan grandioso. Una propuesta ideal para trabar nuevas amistades al tacto y vivir, entre plato y plato, experiencias al límite.

Sin embargo, ciertos cenizos han puesto el grito en el cielo ante lo que consideran un disparate integral. Su argumentarlo consiste en calificar al local de patochada tramada por la infinita serie de desvergonzados vendedores de pócimas, de charlatanes sin pretexto que pretenden hacer su agosto a cuenta, y cito literalmente, de la ignorancia de algunas gentes que se apuntan a cualquier chorrada a cambio de sentirse especial. ¡Coñe! Bajo este planteamiento, la cita a ciegas no sería más que una historia teñida del amarillo del sensacionalismo y el verde color del dinero. ¡Vaya un sainete! Hombre, sinceramente no creo que sea para tanto. Porque en nombre del entretenimiento, ha llegado el momento de poner las luces largas y dejar que cada cual se entretenga con su fuente de tentaciones personales, que en este curioso caso pinta en negro sobre blanco.

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