Diario de León
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Con viento fresco josé a. balboa de paz

En junio del 2008 dedicaba una de mis habituales columnas al carbón, en la que afirmaba que su minería tiene futuro. Hacía en ella una breve alusión a la historia de la minería leonesa, especialmente al proceso de reordenación que, desde 1990, ha provocado la normativa comunitaria (el Nuevo Sistema de Contratación del Carbón Térmico de 1986) y los cuatro planes sucesivos del carbón, el último de los cuales finaliza en 2012. Veía en dicho proceso la drástica reducción de la producción, la disminución del n úmero de trabajadores y la transformación de la estructura empresarial, que hoy controlan tres grandes grupos: los de Victorino Alonso, la Hullera Vasco-Leonesa y el grupo Lamelas-Viloria. Cambios que, al permitir ajustar la capacidad productiva de las empresas mineras, aumentar la productividad y, en definitiva, hacer más competitivo el carbón leonés, parecían augurar un futuro mejor para esa minería.

Las cosas no han discurrido como esperaba. Como tantos otros, aunque estábamos a las puertas de la profunda crisis económica que nos atenaza, tampoco yo pude detectarla. Lo cierto es que, desde entonces el descenso en la demanda eléctrica y los intereses de los grupos monopolísticos más interesados en el gas, han provocado un terremoto en la minería del carbón. Algunas centrales térmicas han estado paradas, otras han prescindido del carbón autóctono pese a las protestas de empresarios y trabajadores. Mientras tanto, el carbón extraído en nuestras cuencas se ha ido acumulando hasta grados insostenibles para las propias empresas, por lo que el gobierno ha tenido que arbitrar lugares (Hunosa) y partidas presupuestarias para ello. Por fin el pasado viernes, el gobierno aprobaba el real decreto por el que se crea el procedimiento de resolución de restricciones por garantía de suministros que, cuando entre en vigor, garantizará el consumo del carbón nacional como dispone el vigente Plan del Carbón.

Aunque aún falta el visto bueno de la Unión Europea, el decreto puede garantizar, al menos durante dos años más, la minería del carbón autóctono, y éste podrá aportar al mix energético nacional hasta un 15% del total. ¿De qué minería estamos hablando? Por supuesto, de la de interior y la de los cielos abiertos. Aquella ha disminuido drásticamente, ésta provoca muchas protestas. A raíz de mi artículo, la Asociación Laciana para la Defensa de la Naturaleza me envió una carta personal en la que me criticaba por no explicar a mis lectores el gran problema de los cielos abiertos. «De cinco mil empleos que había cuando existían los pozos en Laciana (Villablino), decían en ella, hay cuatrocientos. Con este sistema se están arrasando los montes de Babia y Laciana sin beneficio para nadie, solo para la MSP, o sea Victorino Alonso. Hable y escriba sobre eso, o ¿no le dejan?». No suelo contestar las cartas vertidas sobre mis opiniones, pero en ese caso, era evidente que no habían seguido mis muchos artículos sobre el tema, incluso conferencias en Villablino y otros lugares sobre los problemas medioambientales de los cielos abiertos.

Claro que los cielos abiertos constituyen un problema para el medio ambiente, pues desmochan los montes, llenan de polución el aire, envenenan las aguas provocando, a veces, desastres en la fauna de los ríos, como ha ocurrido varias veces en el río Cúa por la Gran Corta de Fabero. Los cielos abiertos son, con frecuencia, utilizados de modo chantajista por los empresarios como garantía del sostenimiento de la minería subterránea o simplemente por mantener todavía algunos cientos de empleos. Esto último a semejanza del asunto del lavadero de Fabero, cuya ilegalidad parece evidente, pues carece de licencia municipal pero que Victorino Alonso se salta a la torera. Pero esta es la minería que hay o que algunos, hoy presuntos salvadores, permitieron que se hiciera. Entiendo a Juan Carlos Mestre al rechazar el premio de la Casa de León, pero olvida el pasado de Victorino Alonso y sus apoyos; quizá ambos están más cerca de lo que creen.

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