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León

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En épocas de crecimiento y prosperidad, los partidos que ocupan el gobierno alardean de que su buena gestión está detrás del enriquecimiento colectivo, a pesar de que, en las grandes democracias, la influencia real del poder público sobre la marcha de los acontecimientos es más bien escasa. Por el contrario, en tiempos de vacas flacas, los políticos con responsabilidades de gobierno tienden a culpar de la decadencia a la coyuntura y al contexto. Pero es en las etapas de crisis, en las épocas en que el desamparo de las gentes es mayor, cuando más exigente ha de ser la ciudadanía con la superestructura política. Y cuando los profesionales de lo público deberían ofrecer lo mejor de sí mismos. Como esto no se ve por casi ningún lado, no es extraño que la reacción social más evidente vaya del desapego a la indignación.

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