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León

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El estado de inquietud, de desorientación y decfrisis que desde hace algún tiempo fatiga y agita el país es puesto de manifi esto por la crónica de todos los días y despierta en los observadores más atentos una inquietud creciente. Entre los valores hoy mayormente comprometidos y a veces sojuzgados se encuentran: en el plano de las convicciones, el criterio objetivo de la moralidad con el atropello de la conciencia subjetiva; sobre el plano de la acción, el recto ejercicio de la libertad con la renuncia o la resignada dimensión frente a las opciones responsables.

A propósito de libertad, aparecerá verdadero lo contrario; la libertad es afi rmada de continuo, se identifi ca con la misma dignidad del hombre, y se considera dimensión esencial de la democracia. Esfácil, no obstante, advertir que dicha libertad es, de hecho, minimizada por las modernas y sutiles formas de presión y de conocimiento, por falta de una real justicia social, por el abuso de poder, por la violencia de los grupos, por la intolerancia de las ideologías.

No debe olvidarse que el abuso mismo de la libertad, entendida como arbitrariedad, conduce fatalmente a su destrucción.

No se puede silenciar, además, la ofensa a la libertad de los creyentes, que se expresa, a veces, por medio de una injusta y amarga crítica, hasta llegar a la burla, de los valores cristianos propios de la tradición religiosa y cultural de nuestro pueblo.

Libertad, por tanto, incluso como posibilidad de ordenado desarrollo del hombre en el contexto de la vida civil; como responsabilidad y como compromiso; como respuesta a la propia vocación y a los propios cometidos del ciudadano. Alfonso del Río Sánchez.

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