Federico Rodríguez y Rodríguez. In memoriam
Tribuna MIGUEL CORDERO DEL CAMPILLO
SE acuerda alguien en León de quién fue y qué hizo por nosotros don Federico Rodríguez y Rodríguez? Estoy seguro de que, si quedan algunos, serán muy pocos, porque fue una persona que obraba con rigor y discreción, caminando sin taconazos, como haciéndose perdonar su buen hacer, muy alejado de las vanidades y los efímeros reconocimientos de relumbrón que buscan con ansia quienes tienen méritos de oropel. Y me atrevo a hacer estas afirmaciones porque, muy poco después de lograda la puesta en marcha de la Sección de Ciencias Biológicas de León, don Federico vino a León a dar una conferencia y sólo un reducido grupo de personas, entre las que se encontraba conmigo don Alfonso Prieto y Prieto, catedrático de Derecho canónico, acudimos a expresarle nuestra gratitud por su apoyo en favor de la disputada Sección de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Oviedo, que había sido creada por O.M. de 12 de julio de 1961 (BOE, n.º 198, de 18 de agosto de 1961) «con sede en León».
Para refrescar esta «memoria histórica», recordemos la pugna que surgió entre Oviedo y León, que se resolvió al final creando otra Sección de Ciencias Biológicas en Oviedo, e iniciando las enseñanzas del curso 2.º curso (dado que el 1.º curso era común para Ciencias y Veterinaria) en 1968. Había pasado ¡siete años! desde la creación de la Sección, sin que la Universidad hubiera tomado ninguna iniciativa en nuestra provincia. Al contrario, se había construido un edificio para Geología y Biología en Oviedo... Me permito remitir al lector a mis trabajos relacionados con esta cuestión. El primero es «La Sección de Ciencias Biológicas», pp. 418-427 de mi obra La Universidad de León. De la Escuela de Veterinaria a la Universidad. Editorial Everest, León, 1983. El segundo es «El nacimiento de la Sección de Ciencias Biológicas en la ciudad de León (1961-1968)», pp. 21-41, VV.AA., 25 Aniversario de la Facultad de Biología, Servicio de Publicaciones, Universidad de León, Ediciones Lancia, León, 1995.
Don Federico acababa de ser nombrado director general de Universidades (1968), cuando solicité que me recibiera para informarle de la situación creada por la disputa León/Oviedo, con motivo de la non-nata Sección. Me recibió el cuatro de junio y le expuse la validez de la ambición leonesa y las trapacerías cometidas en este tema por la Universidad de Oviedo. Quedó impresionado por la racionalidad de mis argumentos y, al conocer que se habían creado dos cátedras (Botánica y Zoología), para la Sección inexistente en Oviedo, con olvido de la sede en León, me solicitó un informe escrito y objetivo, que le remití en junio de ese mismo año, junto con una colección de separatas de trabajos del profesorado de la Facultad de Veterinaria, publicados en revistas extranjeras, en francés, inglés, alemán, etcétera y un borrador de dos posibles órdenes ministeriales: un estableciendo en León exclusivamente la Sección de Ciencias Biológicas, y otra, más realista, dividiendo la enseñanza entre ambas ciudades, con licenciatura completa en todo caso, pues en Oviedo habían tratado de dejar en León sólo los cursos 4.º y 5.º, para una posible rama del plan de estudios, lo que hubiera significado la anulación de nuestra Sección, por falta de alumnos. El trabajo de los profesores de Veterinaria, con los de las Escuelas Universitarias, las autoridades, la Caja de Ahorros de León y el «buen pueblo de León», lograron resolver la disputa, gracias a la ecuánime decisión de don Federico Rodríguez y Rodríguez. Aunque hubo protestas leonesas por esta solución salomónica, al fin León tenía la Sección de Ciencias Biológicas.
La semana pasada publicaba en El País Antonio Sáenz de Miera. In memoriam. Federico Rodríguez, maestro y pionero de la política social, elogiando las virtudes y méritos de don Federico y lamentando que tan sólo fueran unos cuantos los que lo despidieron en el último instante (falleció el 3 de marzo), pese a su papel en las Semanas Sociales de España , su brillante condición de jurista como letrado del Consejo de Estado, su condición de primer catedrático de Política Social, su colaboración con Villar Palasí en la reforma educativa, su impulso de las relaciones Universidad/Empresa, etcétera, etcétera.
Desde mi condición de testigo de su benefactora decisión en favor de la Universidad de León, quiero unirme a las palabras del señor Sáenz de Miera y recordar a los leoneses la contribución de tan ilustre académico. STTL!