El espíritu de Sevilla
La veleta | cayetano gonzález
El próximo uno de abril se cumplirán veinte años del Congreso fundacional del PP celebrado en Sevilla que sirvió para aupar a José María Aznar a la presidencia del partido y que fue el preludio de la victoria, seis años más tarde, de los populares en las elecciones generales de 1996. Veinte años después, el PP, con Rajoy como líder, tiene fundadas esperanzas de volver al Gobierno de España, tras haber estado en el un periodo de ocho años (1996-2004) y haber perdido en dos ocasiones con el PSOE de Zapatero.
El actual presidente fundador del PP y muñidor de aquella refundación del centro-derecha, que abarcó desde AP hasta los restos de UCD y otros grupos liberales, Manuel Fraga, ha declarado estos días que «el PP debe volver al espíritu de Sevilla», añadiendo que aquel congreso «fue optimista, positivo y estuvo lleno de esperanza». Por su parte, José María Aznar ha señalado que entonces como ahora «la solución para España debe plasmarse en una alternativa nítida basada en tres elementos: proyecto, partido y liderazgo. Ateniéndonos a los tres elementos señalados por Aznar, ¿en qué punto se encuentra actualmente el PP transcurridos dos décadas desde aquel importante congreso celebrado en la capital hispalense? Partido hay. Lo de proyecto ofrece más dudas, por la resistencia de sus actuales dirigentes, basada en razones de pura estrategia política, de no confrontar en exceso con el socialismo gobernante. Quizás el elemento más débil del actual PP sea el del liderazgo. Sabido es que Rajoy no es precisamente una persona que entusiasme ni arrastre a las masas. Es cierto que tampoco lo era Aznar hace veinte años, pero al menos transmitía con más convicción y firmeza sus propuestas y, sobre todo, se rodeó de un equipo de personas que no aguanta ni un asalto la comparación con la actual guardia pretoriana de Rajoy. Con gran respeto hacia las personas, los Rato, Álvarez Cascos, Lucas, Mayor Oreja, la difunta Loyola de Palacio, Tocino o los Trillo y Arenas de entonces, estaban a años luz en peso específico y solvencia política de las Cospedal, Mato, Sáenz de Santamaría o de los González Pons y de los Trillo y Arenas de ahora. Y en ambos equipos, Mariano Rajoy, del que no se puede decir que haya dejado ninguna huella imborrable en ninguno de los sitios por los que ha pasado, pero si que es un superviviente, al que la nefasta gestión de Zapatero puede llevarle en volandas a la Presidencia del Gobierno. Y ese está su principal error: esperar el desgaste del adversario en lugar de intentar convencer e ilusionar con un propio proyecto. Es decir, ser una alternativa fiable y solvente al peor Gobierno que ha tenido España desde la transición democrática.