¿Crisis? ¿Qué crisis? Sí soy político
Tribuna Miguel Ángel González Rodríguez
Economista
Hace unos días Bono, un tanto escandalizado de que la sociedad tuviera la menor sospecha de que las señorías, representantes del pueblo en las Cortes fueran objeto de mofa o burla por su compromiso laboral; y ni corto ni perezoso, decidió redactar con mano firme una epístola que a modo de arenga remitió a sus compañeros, donde hacía especial hincapié en su es fuerzo y dedicación, sin distinción de colores; y a modo ejemplarizante, como él suele hacer en muchos casos con gran simpatía, conocedor de las limitaciones del vulgo en razones de entendimiento, decidió a modo de símil, comparar el precio del fichaje de Cristiano Ronaldo con el presupuesto adjudicado a nuestros diputados, concluyendo su alegato un poco caricaturesco, como también suele hacer muy a menudo, en que la diferencia está únicamente en cuatro millones de euros, por lo que concluye que ni es tanto el tinglado democrático montado, ni son tantos los sueldos de sus señorías, cuando un pibe y además antipático, se lo lleva por dar patadas a un balón, en calzoncillos dirían algunos y algunas contestarían, gracias a Dios, por lo de la ropa interior claro.
Continuaba Bono y una coral de seguidores lo ratificaba, que los políticos no paraban nunca (le faltó apuntar que de medrar), trabajaban hubiera o no sesiones en las cámaras, en comisiones, en sus sedes e incluso en sus casas. Llevaban trabajo para casa. Si es que tenemos unos políticos que dudo que los merezcamos (no en realidad estoy seguro). Cómo podemos dudar de ellos, si nos lo demuestran continuamente: cómo se pelean, cómo se insultan unos a otros, con qué estoicismo aguantan impasibles mientras su oponente se ríe sin complejos, en su misma cara. ¿Quién puede aguantar tamaña ofensa? Si es que no se puede. Hay que ser muy macho.
Y así se quedó, más ancho que largo y el resto de políticos también, claro: descansaron como si fuera el séptimo día, y todos juntos dieron albricias por tan ajustado comunicado. Pero qué se creerán estos, con lo que cuesta esta profesión, quién nos valora nuestra dedicación, nuestro esfuerzo y con lo que hay que aguantar. Son unos desconsiderados, bien a gusto les cambiaría el sitio. Y total para cuatro perras, que ni pagado ni agradecido, tengo que pasar el día en el coche e hinchar las dietas para poder llevar algo digno a casa. Y dicho y hecho. Bueno y mejor que la mayoría lo haga así, porque muchos, buscan otras alternativas menos escrupulosas que en su mayoría suelen acabar en los juzgados.
Lo cierto es que parece ser que vienen cobrando, entre que si estás por el foro o por provincias, más o menos 4.000 euros mensuales, a los que hay que añadir las dietas, claro, pero además si participa en comisiones o tiene alguna responsabilidad la remuneración asciende y mucho pudiendo llegar a 7.000 o 10.000 euros al mes. Pero esto para ellos no parece tanto, «nadie se ha hecho rico con el sueldo de un parlamentario» suelen alegar y habría que añadir «sólo con»; porque hay más, mucho más. Precisamente ahora que se está estudiando el incremento de la edad de jubilación para los curritos, a partir del séptimo año de trabajo parlamentario, sus «señoritos» tendrán garantizada la pensión máxima de jubilación «pa los restos». Un derecho de clase, al más puro estilo feudal. Pero aún hay más, como no tienen paro, no cabría aplicar a tan altas dignidades los mismos procedimientos del resto: ¿se imaginan un político en la cola del paro pidiendo que le sellen la tarjeta? Pues entonces van y lo crean, para ellos solos en forma de indemnización que tiene un mejor tratamiento fiscal (no dejan una viva): mes por año, hasta dos años, por cese de actividad. No hay que olvidar que los pobres dejan sus cosas por representar y luego sin representar a nadie, a ver qué hacen.
Y luego juegan con congelaciones salariales, porque ellos también se solidarizan con la sociedad; con acuerdos de más sesiones, para que vean que trabajamos: en verano e incluso en Navidades. Lo malo es que tendremos que insultarnos más y los improperios buenos, los que concitan aplauso y admiración ya casi están agotados. Ese sí que es un problema, cuando se encienden las cámaras y tengan que rellenar sus minutos sin insultos, con algo razonable. El acabóse.
El problema no es si cobra mucho o poco, si trabajan pocos días o si trabajan muchos. La cuestión versa más bien como siempre en la productividad. En el mundo empresarial nadie es caro o barato «per se», lo será en función de sus resultados, de tal manera pude producirse la paradoja de que el más barato fuera el más caro. Lo mismo pasa con sus señorías: sus sueldos pueden ser inferiores a los de otros países, que lo son, pero aún así son caros: falta productividad. El razonamiento es sencillo, si el parlamento lo controlan los partidos políticos directamente para qué tantos representantes que se esconden en sus escaños y aprietan el botón que les ordenan (algunas veces incluso confunden los colores). Si todo está ya hecho de antemano, unos proponen y otros se oponen, sobran alforjas, la gran mayoría no hacen nada, por lo que cobran mucho. Un razonamiento sencillo. La solución para la mayoría o trabajar más o marcharse a casa, así al menos nos ahorramos las dietas.