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León

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Al trasluz | eduardo aguirre

Posiblemente Luis Gómez Domingo en algún momento se preguntó si estos eran tiempos propicios para pintar quijotes. Lo son, sin duda. Este pintor, alma del suplemento Filandón , inauguró ayer, en el Museo del Bierzo, su Evocaciones del Quijote . Precisamente ahora, en plena crisis, no sólo de la economía, urge más echarse a los caminos, a proclamar lealtades. Y la suya es -”una de ellas-” la pintura figurativa. Su paciencia de pintor, el no guiarse por modas sino por convicciones, lleva años dándole recompensas, que los demás disfrutamos, pues en arte los logros pertenecen a quien sabe valorarlos. Para plasmar su visión de lo cervantino ha renunciado al color, dando un paso más en aquella prodigiosa parquedad cromática con la que representó la batalla de Teruel, y que tuve la felicidad de comisariar. En su obra última ya sólo cabe lo esencial. Creo recordar que en algún artículo he asegurado que más que la realidad plasma la verdad, que no son exactamente lo mismo. Dicen que hay una edad espiritual para adentrarte en las páginas de Don Quijote , nuestro santo perdedor; no lo sé, es posible. Aseguran que sólo tras haber recibido varapalos y decepciones puedes percibir en toda su hondura esta epopeya de humor y espejismo, que es además canto de compasión hacia la condición humana; quizá, puede ser. Gómez Domingo se encuentra en su propia Edad de Oro y nos trae quijotes de sobriedad berciana; y sanchos con ese halo tosco y noble de quienes son metafísicos sin saberlo. Estamos ante la exposición de un maestro, con muchos saberes acumulados, técnicos y de los que no vienen en los libros. Luis, caballero andante de las artes plásticas, no necesita otras armas que sus pinceles, con los que gana batallas invisibles. Gracias por tu quijotismo de resistencia.

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