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León

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Fuego amigo | ernesto escapa

E l encuentro en Villalar, un espacio del común donde nadie es más que nadie, nos pone en contacto con otra cara de la realidad, la de quienes expresan su protesta por descuidos que dañan sus intereses o recaban solidaridad para plantar cara a proyectos que consideran dañinos. El 23 de abril pudo escucharse la rabia de los agricultores que no cobran sus tierras expropiadas para construir un polígono industrial, el clamor de la comarca de Muñó que reclama su derecho al agua, o el rechazo terracampino a la posible instalación junto al Cea de un almacén de residuos nucleares. En Villalar las quejas se expresan de viva voz, sin intermediarios.

Y como espacio de encuentro, también lo es de controversia. Una palestra saludable, donde los asuntos se debaten sin peana, de igual a igual. Salta de inmediato la polémica sobre determinados proyectos de desarrollo en el ámbito rural, que contando en su trámite con el apoyo prácticamente unánime de los grupos políticos, sin embargo acaban embarrancados en el pozo airón de los juzgados, que es tanto como decir el limbo de la dejadez. Es verdad que con la etiqueta del desarrollo rural se han tratado de camuflar algunos atajos impracticables. Así, la rutina de trocear parques eólicos, que afectan a espacios protegidos, para soslayar el requisito de su declaración ambiental. Sin embargo, nadie se preocupa de controlar su impacto sobre Conjuntos Históricos, para evitar desmanes como el que acaba de masacrar la silueta de Ampudia.

Otras iniciativas singulares, que llevan meses e incluso años embarrancadas en trámite judicial, no son diferentes a las prácticas de territorios y países que se consideran ejemplares en su trato con la naturaleza. Ocurre con los proyectos de San Glorio, en Picos de Europa, y de Villavieja del Cerro, junto a Tordesillas, cuyo argumento no es preciso reiterar. El caso de Villavieja resulta sangrante por el deterioro económico y ambiental que está ocasionando la sucesión de decisiones judiciales. Para salir del charco, se ha optado por la vía de conceder al proyecto en las Cortes rango de interés regional. Una vía que no aliviará su impacto ambiental, pero sí el quebranto de la factura. Que no es poco, en los tiempos que corren. Lo de San Glorio fue aún más irritante, porque el togado aprovechó el trámite para adornarse con florituras ajenas a su incumbencia. Mientras, las vertientes prósperas de Picos de Europa han instalado teleféricos y funiculares incluso en este tercer milenio. Y esquí hay en los Alpes y en los Pirineos. En esta partida, me espetó mi interlocutor de Villalar, a nosotros, ¿qué nos queda? No puede ser sólo el recurso a la estampida.

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