Peregrinos desorientados
A esgaya | emilio gancedo
Proponen medidas los burgomaestres de la ciudad, campaña volteada al aire, «León, ¡buen camino!», desean al ingeniero bávaro, al corredor de seguros de Burdeos, al informático de Seúl que llega con la lengua fuera una vez franqueado el puertín del Portillo a la caza de nuevos horizontes. Se lo desean, o sea, que les vaya bien, parecen decirles, tirad con viento fresco, arread de aquí, tanta paz lleves como descanso dejas, siempre queda mejor y es mucho más descansado colocar encima de la mesa un póster colorín y pronunciar palabras como «potenciar», «fomentar» o «reactivar» antes que remangarse, visitar los tramos de la Ruta a su paso por el alfoz... y horrorizarse.
¿Pruebas? Sólo hay que leer lo que dicen las guías y las cada vez más páginas de Internet en las que los concheiros de medio mundo vuelcan sus experiencias para darse cuenta de la inmensa oportunidad que estamos perdiendo: «Tramo aburrido», «entrada fea y peligrosa», «sofocante ruido», «si mala fue la entrada, peor es la salida...». León, ciudad que tanto debe a la peregrinación santiaguesa (y viceversa) está haciendo el ridículo enviando y conduciendo al peregrino por una espinosa madeja de raquetas y carreteras, confusos cruces, arriesgados arcenes, sucios rincones y ruidosos márgenes de vía urbana. Así pasa desde que entran por Puente Castro, atraviesan el desastroso y telarerísimo municipio de San Andrés y alcanzan las más decentes riberas del Órbigo, eso sin contar con el lamentable estado actual -”pintadas y solares-” del Barrio Húmedo, cada vez menos emblemático y más campo de minas y batallas.
Pocas cosas habrá que cuesten tan poco al erario municipal -”tan dispensador de subsidios y tan avaro rapiñador de tributos-” como realizar un corredor perfectamente curiosín para caminantes y ciclistas, sombreado de árboles que conduzcan al visitante de manera racional, agradable y sugestiva. A cambio, una publicidad impagable. ¿Repetimos? im-pa-ga-ble.