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León

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Al trasluz | eduardo aguirre

Ante la crisis, simplifiquemos. ¿Tiene usted esposa, hijos adolescentes, cuatro amantes, seis perros y tres mercedes? Vamos, un dineral en gastos fijos cada mes: simplifique. Quédese con una amante y un mercedes. Economía de guerra. Vale, dado que el mercedes es un coche espacioso suba usted a una amante más. ¿Cree indispensable comer cada día? Error. El anacoreta Jacintus estuvo un año sin probar bocado, alimentándose únicamente de las grandes preguntas sobre el sentido de la existencia; eso sí, debió de abusar de la metafísica, que es muy indigesta, porque nunca volvió a ser él mismo. Vanidad de vanidades. «España no es Grecia», recalca el Gobierno. Y tiene razón, en lo concerniente a las finanzas, porque si algo somos -”además de romanos, árabes y judíos-” es griegos. Pobre del pueblo de una sola patria. Uno de los pintores que mejor ha plasmado la esencia de España fue Doménikos Theotokópoulos, El Greco, más español que los españoles. Me parece bien que prestemos 9.800 millones a este país, con el que el Mundo está en deuda perpetua, sin embargo, me deja perplejo que el Senado destine en plena crisis un millón anual a traducir al vasco, catalán, gallego y valenciano a señorías que se pueden entender en castellano. ¿Podremos pagarle alguna vez a Grecia lo que nos dio en sus tiempos de esplendor? El filósofo Diógenes, quien para simplificar vivía en el interior de un barril, cuando alguien le dijo que la vida era un mal, le espetó: «La vida, no, sino la mala vida-¦». Necesitamos muy poco, pero la nada no es aceptada como moneda en los supermercados. Busquemos lo esencial. Lo repetía en pleno delirium tremens el cónsul de «Bajo el Volcán»: «no se puede vivir sin amar, no se puede vivir sin amar». Casi todo lo demás, es prescindible. O sea, simplificable.

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