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León

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Con viento fresco josé A. balboa de paz

Miguel Ángel Revilla, presidente de Cantabria, protagonizó hace unos días una protesta pública contra la paralización del AVE de Palencia a Santander, que el PSOE le había prometido a cambio de su apoyo. El fogoso cántabro, con tozudez cazurra como ancarés consorte, grita que pacta sunt servanda . A Zapatero eso de que los pactos han de guardarse, a estas alturas, le suena a papel mojado, por eso las protestas que los bercianos realicemos no servirán de nada: el AVE se ha quedado sin plumas y no volará hasta el Bierzo por ahora. Lo ha dicho el ministro de Fomento, José Blanco, que se las prometía muy felices con un presupuesto millonario, que se ha diluido cual azucarillo. Ni AVE a Galicia por el Bierzo ni autovía a Orense: el futuro económico de nuestra comarca se hipoteca indefinidamente. De nada sirven los reproches de socialistas y populares bercianos, ni tampoco los engaños. La realidad se impone.

La crisis nos golpea con dureza. Uno de cada cinco leoneses está sin empleo, el cierre de empresas, los eres, la caída de los beneficios son noticias lastimosas que leemos todos los días en la prensa provincial, como el ERE de Comonor o el cierre de las empresas de Martínez Nuñez (Catisa y La Estrella), que han dejado a trescientos trabajadores en la calle. La paralización de las obras públicas es, en este contexto, un desastre económico y social. A excepción de alguna pequeña obra de arreglo de carreteras por la Junta, no recuerdo en estos momentos ninguna obra pública importante en el Bierzo. Sólo hay parches de este tenor: la Junta libera 3,4 millones para contratar 400 parados en León, dentro de un plan de 18 millones a 267 municipios de la comunidad para contratar dos milcien trabajadores; o deseos, como el del Consejo Comarcal del Bierzo que busca 1,4 millones para una oferta pública de ciendo diez empleos.

Quizá el Consejo olvida que es este tipo de ofertas, a veces sin concurso público, lo que ha llevado a la situación en la que nos encontramos: una hipertrofia de las administraciones insostenible. El gobierno, sin margen de maniobra por el elevado déficit, paraliza las obras públicas y recorta el gasto reduciendo el sueldo de los funcionarios, medida que, además de injusta por discriminatoria, no va a ser muy efectiva; pues lo que pretende es recaudar más pero sin disminuir los gastos, a excepción del de los funcionarios; pero esto, y los impuestos que se avecinan, supondrán una dificultad añadida a la crisis: «siempre que el gobierno tome prestados, dice Mishan en Falacias económicas populares, fondos desviándolos de la inversión privada y los utilice en inversiones que renten menos de lo que harían en inversiones privadas (o sean superfluos, digo yo), supondría una carga para las futuras generaciones. Esta carga consiste en que éstas tendrían un volumen de capital real inferior y, por tanto, un ingreso real inferior del que podrían haber tenido». Por ello, menos recursos como inversión productiva.

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Marx pensaba que la caída de los mercados financieros (acciones, obligaciones del Estado, etc.) no era sino transferencia de riqueza de unas manos a otras, siempre que no se produjera la bancarrota del Estado o la quiebra de las sociedades, pues tal caída favorecía la reproducción, en la medida en que los advenedizos que adquieren tales valores a bajos precios podían ser más emprendedores que los anteriores propietarios. Es posible que así sea a largo plazo, pero ahora las medidas del gobierno nos empobrecen, pues nos despluman a casi todos. Además no capitalizan al país para salir de la crisis. Ésta tuvo un origen financiero y mundial, pero en España ha seguido una evolución diferente al resto, no sólo por las mentiras del presidente del gobierno, sino por problemas estructurales de nuestro país, que la crisis ha puesto de manifiesto. El problema de España es el Estado de las Autonomías y la casta política corrupta y despilfarradora enquistada en él. ¿Quién le pone ahora el cascabel al gato?. Arenas habla de una comisión de expertos que lo estudien; por algo hay que empezar.