Publicado por
León

Creado:

Actualizado:

Al día | esther esteban

Muchas veces hemos comentado aquella famosa reflexión de James Freeman Clark, según la cual la diferencia entre un político y un estadista es que el político piensa en las próximas elecciones y el estadista en las próximas generaciones. Tal vez el problema de España es que tenemos una generación de políticos en estado puro, entre los cuales no hay apenas estadistas, hombres de estado que se eleven un poco por encima de las pequeñas miserias partidistas. Todos le advirtieron al presidente lo que se nos venía encima, pero no hizo caso a nadie. Confiado en su Baraka, esa que le llevó a la Moncloa en un plis plas, Zapatero pensó que la solución a todos nuestros males vendría de fuera, que cuando la economía internacional comenzara a recuperarse habría un efecto contagio que nos sacaría de ésta sin apenas mover un dedo. Y mientras tanto seguimos con los esquemas de nuevo rico, con la realización de obras faraónicas, con las subvenciones a go-gó y con el festival de excesos. El problema es que tanto gasto superfluo nos ha llevado a una especie de callejón sin salida y la izquierda a fuerza de prometer que jamás tocaría el gasto social, ha entrado en el mismo como elefante en cacharrería y se ha quedado literalmente sin discurso.

Ni siquiera en estos momentos podemos hacer distingos ideológicos porque la izquierda asume los postulados de la derecha y esta parece coquetear con algunos de la izquierda, por lo que la confusión es mayor. Necesitaríamos hombres de estado, estadistas que piensen en las próximas generaciones, pero sólo tenemos políticos del día a día, de usar u tirar que no nos sirven de referentes porque su único horizonte son las próximas elecciones y así no hay manera. Estamos atrapados en el laberinto de la fatuidad ¡qué horror!.

Cargando contenidos...