La maldición de La Cabrera
Crónica berciana | MANUEL FÉLIX
No llega a maldición, pero no deja de caer sobre ellos un castigo de siglos, y no precisamente divino. La comarca de la Cabrera -”sus pueblos, sus gentes-” lleva sufriendo el peso del aislamiento desde siempre. Cierto que han mejorado las cosas, que les han ensanchado la carretera trazada por el caminar de una vaca o un burro, al que seguía el ingeniero que pintó en el papel el mismo recorrido para las obras. Cierto que ha habido intentos de ayudarles. Pero, han sido todas acciones tibias, poco efectivas y siempre rácanas. Como si la maldición del olvido actuase de nuevo.
Ramón Carnicer inmortalizó esas tierras y su aislamiento como nadie nunca lo ha hecho. Su entrañable libro de viajes «Donde las Hurdes se llaman Cabrera» es el acta notarial del abandono institucional y el castigo al ostracismo de una tierra bella, de naturaleza bestial, rica, indómita y a la vez tierna y acogedora.
Alfonso XIII, el abuelo del actual Borbón, tuvo que subirse al caballo para recorrer las tierras extremeñas a las que compara Carnicer con La Cabrera. Y ahora, los políticos de la Junta de Castilla y León parece que pretenden mantener esta zona como una reserva a la que poco menos que se siga accediendo a caballo o en burro.
Exagero con el vehículo de transporte, pero creo que es necesario pegar un puñetazo en la mesa. La Cabrera no puede quedar marginada en el proyecto de la carretera que unirá Ponferrada con La Baña. No estoy de acuerdo con el alcalde de Ponferrada, ni con el delegado de la Junta, ni con el consejero de Fomento cuando dicen que el impacto ambiental manda. Si prevalece tanto y mucho más el impacto ambiental sobre las necesidades sociales, hoy no habría ni un solo kilómetro de autovía, ni de AVE, ni aeropuertos, puertos, ni tan siquiera coches. Ni, simplemente, evolución humana.
Lo que pasa es que invocamos el impacto ambiental para lo que convenga. Los canales romanos llevaron el agua a las minas de oro de Las Médulas, y no dejan de ser «un impacto ambiental», una cicatriz en la montaña. Por cierto, unos canales a los que la Junta ni les hace caso (viajen a la zona).
Hoy se opera sin dejar cicatriz. Por eso, que no nos cuenten milongas. Carretera al Morredero, «sí». Pero carretera Ponferrada-La Baña, también. No se puede unir el destino económico del Morredero al futuro de La Cabrera. Para mí es muy fácil escribir esto. No soy técnico, ni político. Pero tengo clara una cosa, y es que aquí hay una necesidad social, una deuda de siglos con La Cabrera y ha llegado el momento de saldarla. Aunque sea como el ministro José Blanco el otro día en la A-6, a escondidas.