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León

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De siete en siete | rafael monje

En este país tendemos fácilmente a estigmatizar y con denar a colectivos sociales o laborales. A veces por envidia y otras porque la crítica injusta e irracional es deporte nacional. Pero, como suele suceder, nos equivocamos. Uno de esos colectivos que en las últimas semanas están en el ojo del huracán es el de los empleados públicos, a quienes muchos asocian con una imagen adocenada y de escasa productividad, desconociendo quizá su trabajo, sus condiciones laborales, su salario y sus anhelos. No podemos caer en el error de generalizar, aunque, como en todos los sectores, hay casos que todos conocemos que dan pleno sentido a esa crítica. Deberíamos tener en cuenta la realidad del conjunto de los funcionarios, distinguir entre quienes funcionan -“la inmensa mayoría-” y quienes contribuyen a ese concepto de persona malhumorada que te atiende detrás de una ventanilla y que se ampara en un trabajo asegurado de por vida para exceder a diario la media hora de bocadillo. Funcionarios son los administrativos y auxiliares, pero también los médicos, las enfermeras, los profesionales de la asistencia social, los maestros, los policías, los jueces, los militares que están en Afganistán-¦ Las medidas de ajuste han provocado que muchos miren de reojo a los funcionarios, como si fueran una especie de oso perezoso que los demás alimentamos con nuestros impuestos, como si fueran un grupo laboral exento de presiones y de alma. Pero, por lo que uno conoce, nada más lejos de la realidad, porque suelen ser gente comprometida con su trabajo, que arriesga su vida -“los bomberos, por ejemplo- y que están al servicio del interés general. En contra de lo que podemos pensar, España tiene el porcentaje de empleados públicos más bajo de la Europa de los Quince, si exceptuamos a Portugal, y son los peor pagados. Suponen el 9,5 % del total de la población activa y por cada cien habitantes hay 6,5, cuando en Dinamarca esa relación es de 17 o de 14 en Suecia. Son porcentajes, pero detrás de todos ellos hay un colectivo de personas que conforman lo que llamamos función pública, con deberes pero también con derechos; un sector que mal haríamos en enfrentar al resto de los trabajadores, como si no formaran parte por igual de un mercado laboral seriamente tocado. No podemos pretender dar una patada a los responsables públicos en el culo de los funcionarios, ni estigmatizar a quienes cumplen con sus responsabilidades ni envidiar a quienes han superado exámenes y pruebas libres a las que usted y yo también podríamos concurrir. Hoy en día tener un trabajo asegurado es media vida, sí, pero no intentemos quitarles la otra media con nuestros celos y nuestro absurdo desprecio. a ser su recam bio en vista del panorama.

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