Rodríguez Zapatero, el obstinado
Tribuna | pedro rabanillo martín
Si realmente es susceptible de análisis desde la perspectiva del estudio intelectual la personalidad política de José Luis Rodríguez Zapatero, espero que se entienda que es hecho de buena fe, nunca como ofensa urdida en el entorno de la crítica destructiva, concitando escenas injustas y extemporáneas.
Cuando personalmente conocí a José Luis me llevé de él una magnífica impresión, no solamente por la favorable acogida al mensaje y solicitud que llevaba, sino también por la conversación que en términos generales mantuvimos, y de la que me quedó un grato e imborrable recuerdo, digno de colocarlo en el ámbito preferencial de la memoria, dadas las circunstancias que concurrieron, y en las que no es oportuno extenderme en aras de la favorable fluidez del escrito.
Por aquel ent onces el que suscribe ejercía el cargo de presidente de la Asociación Leonesa de Comercio (Aleco), cuya directiva, siguiendo un plan expansivo de la misma, organizó una prueba lúdico-deportiva multitudinaria, cuyo costo económico rebasaba en una cantidad considerable las posibilidades de la incipiente asociación. A la sazón era presidente de la Diputación Provincial de León el amigo Agustín Turiel, al que acudimos a pedir auxilio y que, en un rasgo de magnanimidad que le honra, se comprometió a ayudarnos, trasladando nuestra solicitud al secretario provincial del Partido Socialista, el ínclito José Luis, quién no dudó en autorizar la cantidad solicitada, sacándonos del apuro financiero al que inevitablemente nos enfrentábamos. A ambas personalidades les estaremos eternamente agradecidos.
Este preámbulo se propone clarificar el ejercicio que pretendemos y del que puede extraerse que no albergamos animosidad alguna, pero que tampoco pactaremos excusas que no sean razonables, ante el panorama que oteamos en la sombría gestión que como presidente del Gobierno viene realizando, siempre bajo el modelo de talante que le caracteriza. Nunca este humilde ciudadano se someterá a la triste tarea de ejercer la hipocresía ni el cinismo. Siempre estaré en el lugar donde resplandezcan la verdad y la razón. (Notarán una reiterada tendencia al tono desenfadado, cercano y familiar, atribuible a la confianza que dan la proximidad y la libertad para actuar con la máxima sinceridad).
Cuando José Luis se instaló en la Moncloa, después de unas sorprendentes elecciones que lo catapultaron a la máxima responsabilidad del Estado, este ciudadano, con inusitada vehemencia, confió en que para León se abrían las puertas a la esperanza (no voy a pedir perdón por el inmoderado amor a mi tierra, es una cuestión de patriotismo) dando por descontado que para el resto del país la continuidad sería la norma a seguir debido a la magnífica herencia que recibía del Gobierno anterior. Nunca pude imaginarme que basaría su trayectoria político-administrativa en cuestiones un tanto esperpénticas si tenemos en cuenta que el espíritu y la letra no riman con el fondo en el que ha querido «sumergir» a la sociedad española en general.
Nunca entenderemos el empeño por perderse en un laberinto de iniciativas banales que no han tenido más trascendencia que la que le han dado, por ejemplo los «teatreros» agradecidos y otras «huestes» parecidas, justificando el coste económico y a la vez disculpando su disoluta generosidad. Otras de calado desafiante siguen su curso abriendo enfrentamientos innecesarios en una sociedad afectada de súbito desistimiento, por el arbitrario cariz que van tomando en su enojoso recorrido, cuales son la triste e inhumana Ley del Aborto, la aberrante y traumática asignatura de Educación para la Ciudadanía (otra menos estricta en sus contenidos podría ser viable) bajo un régimen interesado en sus planteamientos, implicando a la ciudadanía con una invitación y provocación desaforadas en todo aquello que hasta ahora representaba un marcado tabú ya en sus propios enunciados.
Sobre el culto al odio, empeñado en desenterrar una inoportuna Ley de Memoria Histórica -”título afín a «desmemoriados nostálgicos»-” que más que levantar cadáveres justamente reclamados por sus familiares de manera reservada y silenciosa han soliviantado a la «otra» sociedad que también reclama el derecho a los suyos. Si la paz estaba sellada por ambas partes ¿por qué herir los sentimientos generosamente cicatrizados? Hay otras dignas de consideración, pero ni el tiempo ni el espacio lo permiten. No obstante incidiremos en la que hoy tiene conmocionada a toda la sociedad, el alarmante estado de la economía que se ha visto encallado por una cuestión coyuntural a nivel comunitario y mundial: la de recrearse en negar -”por obstinación-” la realidad en que ha colocado a este país; una situación límite de la que difícilmente saldremos si no se aceptan de una vez por todas las propuestas que le ha venido ofreciendo la oposición. Como su papel cuando ejercía de oposición, antes de acceder a la jefatura del Gobierno al proponer al anterior presidente el Pacto Antiterrorista por las Libertades y contra el Terrorismo, que tan buenos resultados dio, y que de motu proprio aceptó sin condiciones. Nunca asumiré el empecinamiento a tan caprichoso comportamiento. ¿No será que considera devaluada su actuación si admite los consejos de sus opositores políticos? ¿O es que está convencido de que las arengas interesadas de sus agradecidos pesebreros son más rentables -”por lo que cobran y sobran-” a la hora de realizar una cuenta de resultados?
En alusión directa me dirijo a ti -”perdona la insolencia-”, en modesta sugerencia, para que por el premio que recibiste al acceder a la Moncloa de manera inesperada devuelvas a toda España el pago del agradecimiento a la confianza que te otorgamos y que tan injustamente vienes negando. Y no por capricho sino por ser víctima de tu error por el entorno elegido, ya que han aprovechado tu candidez para hacer «fortuna», a pesar de su inepcia y necia formación. La confianza que has depositado en ellos/as te la devolverán lanzándose como perros salvajes para devorar la pieza abatida. Vivir para ver. Desde la modestia de humilde servidor y, si me lo permites amigo, puedes contar, pase lo que pase, con el afecto y consideración que te ganaste en otra inferior dimensión.