Exportar León
Mar de fondo | carmen tapia
Los controladores aéreos franceses frustraron mi viaje a Ginebra. El mundo globalizado es lo que tiene y el vacío de las horas de espera en un aeropuerto se llena con la contemplación de miles de historias y da para mucha conversación. Para este viaje no estaba sola. Quince periodistas de toda España, invitados por Cruz Roja, nos dirigíamos al centro de operaciones internacionales de una organización que, junto a la Media Luna Roja, programa sus actividades allí donde las necesidades surgen. Cruz Roja tiene mucho que enseñar y España se encuentra entre los cuatro primeros países con mayor número de actuaciones. Pero nos quedamos en tierra. Casi no tuve tiempo de aprenderme sus nombres pero identifico perfectamente a mis acompañantes por sus procedencias. Córdoba, Granada, Mérida, Zaragoza, Burgos, Madrid, Guadalajara, Lugo y Ourense. Tras más de veinte años en León siento esta tierra como si fuera mía y me faltó tiempo, que en esos momentos de espera se paseaba despacio entre el equipaje de mano, para «vender» su historia. ¡Qué lejos queda León!, pensé tras comprobar que mis interlocutores tenían una idea muy superficial de esta provincia, de sus inquietudes y reivindicaciones. León necesita un plan que lo haga visible más allá del Pisuerga. El testimonio de los leoneses ilustres que pregonan las virtudes de este pueblo fuera de sus fronteras, aunque necesario, no es suficiente. Hay que vender historia. Las ferias promocionan el turismo y está bien que la gente conozca la catedral, que la conocen, y algunos detalles generales de la gastronomía, -”poco más allá de la cecina-” ¿pero qué pasa con la historia?, eso se compra poco en las ferias turísticas. Inútil es que llenemos los periódicos de León con proclamas de identidad si eso sólo sirve para engrandecer el ego de esta tierra, pero no trasciende al debate nacional. Ese será el punto de inflexión para el verdadero conocimiento. y para eso hay que mezclar los colores.