Meten miedo
A esgaya | emilio gancedo
Cuando las ondas hertzianas o catódicas, y los papeles en blanco, y los espacios cuasi infinitos del Internet se usan como trincheras tras las cuales parapetarse y lanzar al de enfrente una andanada tras otra como a los monos de feria, malo. Cuando el único objetivo de un medio -”a veces, incluso declarado-” es derribar algo, o recomponerlo, o volverlo a alzar, malo. Cuando el mensaje se lanza única y exclusivamente a la propia tribu, a la familia, al clan, alimentando todos a una, y una y otra vez, las mismas fobias, ansias y obsesiones, peor.
Amparados tras las nuevas licencias de televisión, o bajo los palos del sombrajo de determinados grupos de poder, o surcando los dominios por los que campan a sus anchas confidenciales, blogs, webs de todo pelaje y «diarios digitales» entre muchas comillas, rugen marabuntas hambrientas, ávidas por lanzarse contra los despojos de quien ya intuyen como irremisiblemente caído. El tono, los contenidos y el ambiente mismo de algunos de estos seudoprogramas estremece. Especialmente inquietante resulta el registro provocador que se suele emplear en ellos, plagado de insultos, agresiones verbales y actitudes prepotentes, llenas de arrogancia y de un no disimulado desprecio.
Es de recordar los apelativos de «guarra, puerca y zorra» dedicados en ese orden -”se ve que se iba calentando-”, por un tertuliano de Intereconomía a la consejera de Salud de la Generalitat catalana, aunque más preocupante aún fue la forma teatrera en la que se disculpó, jaleada su patética actitud compungida: hizo ademán de abandonar el plató y acabó siendo aclamado como un héroe por sus compañeros.
Pero no son culpables sólo ellos. Tan sólo vieron que aquí quien no corre vuela y que asimismo la «izquierda» (más comillas) agasajó en su día a sus fieles con cadenas, concesiones y millonadas. La máxima es ¡al abordaje!, y a ver qué cae.
Meten miedo todos.