Diario de León
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Al trasluz | eduardo aguirre

Durante el mes de julio, los españoles somos más proclives al cruce de cables, es como una tradición nu estra, y no me hagan dar fechas. Este verano los ánimos están muy encendidos, aquí y allá. Con los calores, la crisis de la economía resulta un problema demasiado metafísico para nuestros políticos y no hay nada más refrescante para ellos que los duelos verbales a garrotazos, quizá porque son al aire libre. El bochorno estival que a los ciudadanos nos atonta los biorritmos, a ellos les espabila las rabias. ¿Esta agresividad que se palpa en el ambiente, local y nacional, se debe a algo característico de lo español o se trata de una característica común a toda la condición humana? Indudablemente, nosotros no inventamos la pólvora, pero, eso sí, enseguida la incorporamos a nuestro carácter y la convertimos en un plato de la casa. ¡Cuántas valías despilfarradas en este constante zafarrancho del y tú más! De la herencia ética y estética que nuestro ser colectivo recibió de, entre muchos otros, Cervantes, Ortega, Unamuno, Machado, Azaña-¦ ya ni siquiera nos queda una muesca en un gen de segunda. O sí, pero es en los deportistas donde aún puedes percibir ejemplos de nuestro mejor civismo; y no será porque no se muevan grandes intereses económicos en el sector.

Cómo vendrá el otoño, si con este calor paralizante el cotarro político se instiga con tales bríos belicosos. Estaciones aparte, uno sigue creyendo que la democracia se basa en el respeto; en el respeto mutuo, claro. Todo lo demás, es verborrea. «Libertad sin ira» era mucho más que un estribillo. Si es necesario para una mejor convivencia, pues que bajen aún más las temperaturas, con un calor que reblandezca fierezas y domestique inquinas. Aunque nos amodorremos. A los de tensión baja siempre nos quedará París.

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