Publicado por
León

Creado:

Actualizado:

En blanco | pedro ortiz

Las cifras son más que preocupantes: el 13% de los jóvenes del mundo se hallan en paro. Pero todavía preocupan más las referidas a España: el 40%, cuatro de cada diez jóvenes en edad de trabajar, se encuentra sin empleo. Han empleado los cerca de sus treinta años en lo que le dijeron los mayores que debían hacer: prepararse y formarse para lo que suponían un buen futuro. Pero pese a la doble titulación por Bolonia, el método Platón, los dos Erasmus y el máster que dejó empeñada a su familia para los próximos años, el muchacho o la muchacha continúan sin encontrar trabajo. O lo que es lo mismo: se han plantado en la cercanía de la treintena sin saber qué es, qué significa trabajar. Treinta años y todavía no conocen, más allá de las insatisfacciones del colegio o la universidad, qué es la disciplina en el trabajo, soportar a un jefe o disfrutar con los compañeros. O ganar y disponer de un dinero propio. Pronto algún ingenioso sociólogo de tertulia de televisión le pondrá nombre rotundo al colectivo. Pobre generación; pobres muchachos éstos que, quieran o no, tendrán que echarse la sociedad futura sobre sus tiernas espaldas treintañeras y sus infantiles hombros de adultos, tan faltos de experiencia como carentes de estímulos.

Y nos liamos con el déficit público, la Roja o el tándem Jiménez-Lissavetzky, olvidando el gran problema de España. Pepa Sastre pregunta todas las noches desde su De costa a costa en Punto Radio al ministro de Trabajo qué ha hecho ese día para solucionar el paro. En el caso de los jóvenes la pregunta debería extenderse a todos los miembros del Gobierno, a todos los líderes de la oposición, a todos los llamados agentes sociales: qué han hecho ustedes hoy para solucionar el problema del paro juvenil, para solucionar, de verdad, el futuro de España. Que cuatro de cada diez jóvenes españoles estén en paro no es un problema; es el problema.

Cargando contenidos...