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León

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León sigue asomado a la trinchera: cortes de carreteras y de vías férreas, encierros... las imágenes que la protesta minera ofrece cada día parece trasladarnos a los disturbios cotidianos entre israelíes y palestinos. Es la guerra. Cuando se tocan las cosas de comer ya no valen las medias tintas ni las ambigüedades. El comisario europeo Almunia hablaba de que la cuestión va por buen camino y se resolverá «en las próximas semanas» pero a los trabajadores no les salen las cuentas. Y cuando Zapatero pide al presidente de la Comisión Europea, Durao Barroso, que agilice la autorización de las ayudas al carbón, el escepticismo se pega a la piel como el polvo del mineral. Bruselas se pone el impermeable y aquí crece el asombro: ¿nadie controla el destino de las cuantiosas ayudas públicas a los empresarios mineros?

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