Diario de León
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Historias del reino margarita torres

AAna Ferreras, la alcaldesa de Gradefes, pertenece por méritos propios a esa categoría de mujeres luchadores, fuertes, decididas, que un día marcaron la historia leonesa. Antes de ayer, durante la inauguración de «In principium erat verbum», la exposición en la que se recoge el Reino de León a través de sus Beatos, Ana destacaba con luz propia. No podía ser de otra manera, pues el camino que concluía con la inauguración de los Príncipes de Asturias lo comenzó a trazar ella, haciéndose eco de los deseos de un pueblo, San Miguel de Escalada, y del amor de una tierra hacia su pasado. La Ferreras tiene algo de paladín de causas imposibles, porque cuando nadie apostaba un ápice porque un puñado de hombres y mujeres de Escalada reclamasen mayor protección para ese monasterio, joya del arte nacional, ella cogió el toro por los cuernos y exigió allá donde pudo, la escuchasen o no, que las autoridades competentes no se olvidaran de ese San Miguel fundación de reyes, acomodo de monjes mozárabes, cenobio de cultura y espiritualidad, posible motor económico de una tierra que necesita a gritos un empuje para mantenerse viva.

Soy testigo de cómo la alcaldesa no desaprovechaba ocasión para recordar, a propios y extraños, en reuniones formales o informales con capitostes de la política local, autonómica o nacional, que San Miguel merecía un destino mejor, que debía regresar a León ese Beato de principios del S. X que ocupa tantas páginas de las enciclopedias y monografías de Historia del Arte. Dos años clamó por ello, no siempre en el desierto, pues hasta implicó en su aventura y afán al heredero de la corona de España y a su mujer, quienes apoyaron la petición de la Ferreras con los yankies para que, el mal llamado «Beato M organ», regresara en su Mayflower particular a la que siempre fue su tierra: León. Pero ni a los Príncipes de Asturias se hizo caso.

Y si la lucha de Ana Ferreras, San Miguel de Escalada y los leoneses ha sido feroz batalla, asemeja su trajín la propia historia del Beato que el abad de San Miguel, allá por el siglo X, encargó al monje Maius. Esa copia de los «Comentarios al Apocalipsis de San Juan», que originalmente escribiera a comienzos de la Reconquista Beato de Liébana, acabó en manos del Arzobispo de Valencia Martín Pérez de Ayala quien a su muerte se lo cedió, regalía gratuita pues no era suyo, a la Orden de Santiago (1566). En Uclés aguantó hasta que llegó el nefasto Mendizábal, que, so excusa de desamortizar bienes de la Iglesia, acabó empobreciendo a los humildes, enriqueciendo a la burguesía amiga del régimen, y destrozando el patrimonio de un país. Gracias a él, en 1840 un tal Frasineli, comerciante a más datos, a cambio de un reloj de plata consigue el manuscrito y, después de pasar de mano en mano, acaba en 1897 su singladura de vergüenza cuando lo adquiere el coleccionista Henry Yates Thompson y, en 1919, lo compra la Morgan Library, que no lo suelta para nuestro país ni por todo el oro de los aztecas. No importa. Con su empeño y tesón, Ana Ferreras ha conseguido que el nombre de Escalada, de San Miguel, de su Beato, sea conocido a lo largo y ancho de nuestro país.

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