Asfalto
Canto rodado | ana gaitero
El flamante tranvía se convierte en asfalto. El boicot de la Junta de Castilla y León exigiendo excavar más de 500 metros cuadrados para ver si autorizaba la obra en la plaza de Santo Domingo, hizo añicos el objetivo de Francisco Fernández de llegar a las elecciones subido al tranvía. Ahora todas sus esperanzas están puestas en el Palacio de Congresos y Exposiciones. Otra de las grandes obras del mandato, que caduca en mayo del 2011.
La Junta, que no puso ninguna traba a agujerear la muralla medieval para hacer un aparcamiento bajo la Plaza Mayor, extrema el celo para no dañar la identidad y la memoria escondida de la que fue plaza de La Libertad. Así es la política. De indecente. Se ve que la sensibilidad al patrimonio de la administración autonómica ha evolucionado mucho en los últimos años y sin necesidad de cambiar la ley.
Para arreglar el entuerto, el Ayuntamiento entierra el dinero en plazas y calles. Pero no precisamente para ahorrar, como aconsejan los tiempos. La insensatez del aparato administrativo obliga a invertir en obras este dinero que llega desde el Estado. Algo falla. Cuando la crisis amenaza los servicios que dan calidad vida a la ciudadanía y se tiene que dar prioridad al asfalto.
Las Escuelas Deportivas Municipales y la Escuela Municipal de Música, Danza y Artes Escénicas, dos servicios señeros del municipio, sufren la excusa de la crisis y retrasan el inicio del curso escolar para ahorrar unos pocos días en la contratación del personal fijo discontinuo. Y a esto lo llamarán ahorro en lugar de recorte.
Y sucede ante el más absoluto silencio de la ciudadanía. Todo el mundo se ha resignado a que la crisis recorte los servicios públicos, mientras se mantienen pozos de derroche. Se ve que el asfalto sigue funcionando para la clase política como un valor electoral. O eso creen.