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León

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El corro | pedro vicente

Como es de rigor por estas fechas, el PP y el PSOE andan enzarzados en el cansino y estéril enfrentamiento otoñal acerca del trato que recibe Castilla y León en los Presupuestos Generales del Estado. Se trata de un debate viciado y maniqueo que no conduce a nada, un «déjà vu» que parte de posiciones apriorísticas de las que ni unos ni otros se apean sean los que sean los números. No se trata de que unos vean la botella medio llena y los otros medio vacía: Es que unos la ven prácticamente llena y los otros casi vacía.

Mientras los socialistas creen que esta comunidad autónoma ha salido «razonablemente bien parada» del drástico recorte presupuestario del Estado y destacan que está a la cabeza en la ratio de inversión por habitante, el PP se aferra a la caída global del 27 por ciento registrada respecto al presente año para asegurar que los PGE del 2011 «perjudican especialmente a Castilla y León». «No se puede decir nada bueno de unos Presupuestos tan desdichados», ha dicho el presidente de la Junta. A partir de ahí y aprovechando que el papel lo soporta todo, se retuercen torticeramente los números, se equivocan deliberadamente conceptos y magnitudes, se suman peras y manzanas y, en definitiva, se orquesta toda una ceremonia de la confusión. Por si fuera poco, la incorporación paralela de un plan extraordinario de infraestructuras a financiar con capital privado hace más difícil aún cuantificar de un modo objetivo la distribución territorial de las inversiones. Y ello sin olvidar que por definición cualquier presupuesto no es más que una previsión de ingresos y gastos, de forma que entre lo presupuestado y lo gastado puede mediar a posteriori un amplio trecho.

Pero lo definitivamente aberrante de este debate plagado de trampas es que además se limita en exclusiva al cuánto, soslayando por completo el para qué. Unos y otros se enredan discutiendo cifras y cifras, dígitos y más dígitos, sin entrar apenas en la finalidad de esos recursos públicos. De acuerdo que no se pueden obviar las cuantías, pero, establecidas las mismas, resulta inconcebible que la discusión no se centre en la prioridad del gasto público, máxime en la presente época de vacas flacas.

Ahora con crisis y antes sin crisis, desde que gobierna Zapatero la Junta no ha modificado un ápice su discurso victimista sobre lo mucho que discrimina el Gobierno socialista a Castilla y León. El eje de ese discurso es que el Estado siempre destina a esta comunidad menos recursos de los que necesita y merece. Ya se trate de las inversiones territoriales contenidas en los Presupuestos del Estado, ya se trate de los fondos que nos corresponden en virtud del modelo de financiación autonómica, el gobierno Herrera se considera sistemáticamente agraviado.

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El manual está diseñado desde entonces y no se ha modulado. Ni siquiera en un año en el que el ajuste presupuestario del Estado va a ser pequeño comparado con que se espera en los próximos Presupuestos de la Comunidad. A mediados de mes, cuando la Junta presente sus cuentas para el 2011, asistiremos a una segunda vuelta de este tedioso debate. Por supuesto, con los papeles del PP y el PSOE intercambiados.