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León

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El aullido | luis artigue

Como para añadir escalofríos al otoño la prensa diaria acaba de informarnos de que, en los aledaños del Hospital de León, al otro lado de la vida, en la intemperie pura y dura, ha aparecido misteriosa, lacerantemente, un feto abandonado y muerto. ¿Tendría nombre ese diminuto ser humano prematuramente apartado de sus potencialidades? ¿Cuál sería la historia de su breve singladura interrumpida? ¿Accidente, desinformación, iniquidad, egoísmo cuartelero, miedo-¦? ¿Cómo sería? ¿Qué coloración tendrían sus incomprendidos ojos? ¿Cómo se llamarán sus padres? ¿Tendrán sueños conjuntos? ¿Esos padres estarán ahora insertos en una suerte de dolor subterráneo que duele más que el propio? Ya sé que, aunque todos queramos que nos trate dignamente, a veces la vida es también brutal, y te sojuzga, tacha, y te humilla con el peso de la cruda adversidad, pero, ¿por qué no pensarían tus padres en la siempre factible posibilidad de darte en adopción?

Pienso ahora en ti, milagrito de vida sobre el frío pavimento, en tus manos diminutas, tus dedos, pies, en esa cabecita tuya tan vacía que no estaba aún ni llena de nada, que no lo estará ya nunca, y me viene a la mente la odisea burocrática y económica de los padres adoptivos con ganas de dar. ¡Cuántas parejas -nosotros mismos- hubieran querido darte el amor que generan y tienen! ¡Cuánto me hubiera gustado rescatarte del filo de tu abandono, incorporarte y observarte igual que quien contempla su propia proyección!

La noticia que, sin apenas amarillismo, ha publicado la prensa de León, además de sobre un feto misteriosamente muerto, habla sobre la crudeza de la existencia humana, sobre nuestra mejorable tolerancia social al sufrimiento y a lo costoso, y demanda de nosotros un canto a la vida: la vida es maravillosa porque se opone a la nada, porque, por dura que sea, tiene siempre un instante que la salva, y por eso aportar por la vida es un riesgo que siempre merece la pena que corramos. Necesitamos información y, sobre todo, necesitamos profundizar en esa información: necesitamos informarnos y, sobretodo, saber. Y es que teniendo más datos y más capacidad de análisis de los mismos, aunque sus circunstancias hubieran sido las mismas, tal vez tus padres no hubieran tomado una de esas decisiones que resultan tan costosas de juzgar con un adjetivo justo, pero que, en mi opinión, son decisiones desproporcionadas que no hace falta tomar.

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Mira, ahora que me había convencido a mí mismo de que creo en la distancia analítica, me sorprende reveladoramente la lacerante y cercana noticia de esta muerte tuya que, mientras escribo -¡qué misterio!- me implica emocionalmente-¦ Cuando era niño leía comics repletos de superhéroes que matan. Luego crecí y me di cuenta de que no podía salvar el mundo-¦ Pero me hubiera gustado mucho salvarte a ti.