Mercado prohibido
Aquí te espero camino gallego
En mis primeros recuerdos hay una fría Nochebuena de los años cincuenta, cuando llegué a casa aterida, después de acompañar a mi madre a la plaza Mayor, que bullía. Una fiesta de tal calibre reunía en el mercado tradicional al aire libre a miles de personas y allí podía comprarse y venderse casi todo para la cena navideña: verdura, fruta, leche, queso, huevos y carne. Lo que más color daba eran los pollos, gallinas y conejos que se vendían todos los días de mercado, pero en esa ocasión no faltaban tampoco pavos, patos, faisanes, palomas, pollos tomateros y algún corderito.
Ese mercado lleva siglos celebrándose todos los miércoles y sábados. Igual que muchas localidades de la provincia León pueden presumir de tener ferias y mercados con raíces medievales.
Pero ahora la Concejalía del ramo se preocupa tanto por nuestra salud que cree que no deben venderse en la plaza Mayor huevos, aves y conejos. Está claro que si se siguen vendiendo es porque se compran y quien lo hace sabe la diferencia de sabor y calidad que tienen respecto a lo que se compra en tienda o supermercado. La ley de la oferta y la demanda está vigente, pero ahora las concejalías se dedican a poner trabas y a decirnos que no podemos comprar lo que queramos. Los gestores tienen cada día más ínfulas dictatoriales y ordenan y mandan una barbaridad, aunque eso suponga acabar con una tradición de siglos. Tienen miedo de que alguien demande al ayuntamiento si resulta intoxicado. No se dan cuenta de que esos productos tienen el mayor sello de calidad posible: el consumo de sus propios productores. En una economía en la que se fomenta lo artesano quieren que todo lleve fecha de caducidad. Los huevos de pueblo están frescos aunque no tengan la fecha impresa, algo que no pueden decir los ediles.