Diario de León
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JÁUREGUI
León

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L a magnífica frase 'algo tiene que cambiar para que todo siga igual', falsamente atribuida a Lampedusa, tiene aquí sus connotaciones patrias específicas: y, así, aquí parece que todo tenga que cambiar para que algunos sigan igual, es decir, en sus puestos. A Zapatero, maltrecho en las últimas encuestas del CIS, no se le ocurre, como a su coetáneo Obama, reconocer que le están pegando una paliza ni que ha entendido el mensaje. No: ZP pone tierra y noticia por medio. Así, ZP, coincidiendo con la llegada del Papa, se fue a Afganistán, visita lógicamente sorpresa, pero especialmente curiosa en estos momentos, en los que la atención nacional está prendida del ilustre visitante en Santiago de Compostela y Barcelona.

Cualquier jefe de Gobierno habría permanecido en su sitio, al pie del cañón, ante la visita del hombre al que siguen, espiritualmente, cientos de millones de personas en todo el mundo. Pero Zapatero, a quien algunos, algo farisaicamente, acusan de no haber querido estar presente en la misa papal compostelana, no es un jefe de Gobierno cualquiera: ha querido tener su cuota parte de titulares con ese viaje relámpago a Qal-i-Now y Kabul, acompañado de las dos ministras que, tras Rubalcaba, mayor atención están acaparando en el elenco ministerial: Carme Chacón, cuyas posibilidades de alzarse con el 'delfinato' se han barajado estos días, y Trinidad Jiménez, que ha irrumpido con bastante mal pie en el Ministerio de Exteriores, donde no le perdonan ni algunos ceses demasiado abruptos ni su meliflua reacción ante los ataques de su colega marroquí, Farsi-Fihri, a la prensa española. Y aquí se quedó Rubalcaba, a quien el CIS trata bastante mejor que a su jefe (y que al jefe de la oposición, todo hay que decirlo; quizá por ello, Rajoy ha abandonado su estrategia de pasividad y se ha lanzado al degüello del cántabro).

Y no es que, como algunos se empeñan en afirmar, el Gobierno busque cortinas de humo para que la polémica sobre lo vano tape las desdichas en lo tangible. La realidad es, me parece, más alarmante: a nadie parece ocurrírsele nada mejor que hacer. Es entonces cuando, olvidando que en tiempos de crisis no debe hacerse mudanza, los conejos de la chistera se sacan... en Afganistán, que es tierra distinta. Y distante.

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