HISTORIAS DEL REINO
Piratas del aire
P orque del Caribe, no. Al menos ellos tenían un código de honor. En tiempo de crisis, estos bucaneros de las nubes no sufren las consecuencias que afectan al bolsillo de los 800 leoneses que dejaron en tierra, de los cientos de miles de españoles que escapaban por unos días de la desazón económica y social que nos envuelve. Han dejado con sus sueños en las manos vacías a quienes volvían a su país después de años de ahorros, a los que buscaban encontrarse con los suyos tras una separación forzosa. A ellos, plín.
Cada hora de un español mileurista sale en neto a unos 7-9 euros, la misma en versión extraordinaria de estos corsarios les suponía más de 800 euros. Entre ellos, no falta el que, de las 1.600 horas de curro, pasaba por tales 400 sindicales. Turnos de 6 horas, trabajan 4, descansan 2. ¡Pobres víctimas de la explotación salvaje capitalista! De los 2.400 que tenemos, 1.500 rondaban los 350.000 euros; otros 800 entre 450 y 650.000; 70 de ellos obtenían para el arca 720.000 y seis privilegiados ganaban 970.000. Al menos hasta el mes de mayo, que el gobierno trató de poner coto, aunque poquito. Se escandalizan éstos malandrines perversos por la actitud de Rubalcaba que, por una vez y sin que sirva de precedente, merece un monumento y goza del respaldo de la nación.
Aducen ellos para cobrar estas barbaridades que por sus manos y mentes circulan las vidas aerotransportadas de miles de personas. ¿Por eso el más pobre gana tres veces y media lo que el Presidente del Gobierno de España? ¿Me quieren decir estos señores y señoras si tiene menos responsabilidad que ellos un general español destinado en Afganistán o Líbano? ¿Me pueden explicar, para que lo entienda, por qué un controlador aéreo del ejército no llega a los 2.000 euros al mes en el mejor de los casos? ¿O cómo es posible que el sueldo de sus colegas ingleses con el mismo curro sea de 120.000? ¿Pueden sumar a la explicación las razones que aducen para justificar horas de reuniones varias como de jornada laboral normal y su propio trabajo como extraordinario? ¿Pueden justificar el agujero que a la economía nacional han provocado al cerrar el espacio aéreo de la nación e impedir el tráfico internacional europeo? ¿Existe una causa para que se atrevan a desafiar un país sin pasar por las mesas de negociación y que, fruto de la idea de un máncer cualquiera con mando en plaza volátil, hayan estrangulado a su patria? Y, a mayores, dígannos, señores controladores, ¿cómo podrán justificar que, gracias a su actitud una niña, Estefanía, cuya única esperanza para poder vivir pasaba por una operación urgente en un hospital cuyo quirófano estaba preparado para recibirla y que, mientras ustedes se sienten agraviados, puede ya haber muerto? Espero que encuentren una razón, porque si por vuestra miserable actitud de piratas baratos a la búsqueda del botín del ciudadano ha fallecido, que Dios le perdone, porque los españoles no.