La opinión del lector
A Isidoro Díez Álvarez, humanista y poeta
A migo Isidoro, no puedo remediarlo, tengo la necesidad de exponer, en este espacio que me brinda el Diario, quién eres y tu trayectoria como poeta, aunque sea de forma esquemática.
Este año 2010 has conseguido el Primer premio de Poesía Infantil Charo González de la Bañeza con tu Poema «El juego de los milagros» dedicado a tu nieto Ander. Me gustaría que los lectores que dediquen un rato de su tiempo a leer estas líneas, intenten conseguir, leer y comprender el maravilloso poema que creaste, de una ternura, contenido y profundidad que lo mismo que fue primer premio de poesía infantil, podría haber sido de poesía adulta, pues lo transmitido en tus versos es tan delicado y al mismo tiempo tan fuerte que desde aquí te digo que los que tenemos la suerte de conocerte, de pasar algunos ratos hablando contigo, no todos los que nos gustaría, vemos una trasmisión de tus sanos sentimientos y sanas inquietudes, que tengo que decirte con el corazón en la mano que a mi particularmente me ha emocionado.
Muchos premios ha conseguido y en sitios diversos, entre ellos y como síntesis están, en Soria el Día de la Provincia, en Burgos el del Círculo de la Unión, en Guardo el Internacional de cuentos, además de haber intervenido en varias ocasiones en el Recorrido Romántico de las fiestas de León. ¿Cuántos leoneses conocen tu trayectoria? ¿Cuántos han leído tus poemas, tus cuentos...? Desde aquí les invito a que lo intenten.
Te conozco y sé que no te gusta pregonar tus éxitos, quieres ser Isidoro, ese hombre que me emocionó en sus intervenciones en los recorridos Románticos y una tarde en la Plaza del Grano contándome su primera intervención en público con la añeja y típica plaza abarrotada de gente. Eres todo sensibilidad, humanidad, tienes un gran corazón. Desde aquí quiero hacer un llamamiento a los amigos de la poesía para que, los que no le conozcan, se acerquen a la obra realizada por este gran hombre en primer lugar y gran poeta. Estoy seguro que después de leerle no quedarán defraudados.
A ti, joven abuelo, te debo mucho por tus enseñanzas, por la tranquilidad que has aportado a mi vida y, como dices en tu poema, quedaron tus palabras grabadas profundamente en mi corazón y yo he gritado al injusto tiempo: ¡No vengas nunca a borrarlas! Tu amigo Carlos.
Carlos Á. Rodríguez Peña. LEÓN