León

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Martínez Carrión deja la presidencia de la Asociación de Periodistas de León y coge el relevo Fernando Aller. No pertenezco a la misma, simplemente porque nunca he tenido delante el papel para inscribirme, como nunca he estado en Japón o he cenado con Eva Mendes, es decir, siempre me digo de mañana no pasa, pero surge algún problema de agenda. Paco podrá descansar de la gran labor realizada y Fernando aportar su dilatada experiencia. A ambos les debo la primera y más importante oportunidad profesional recibida: la de mis inicios. Cuando tienes un nutrido currículo eres fichado por tus méritos, cuando no tienes nada salvo una titulación y te dan una oportunidad, entonces, se ha producido un milagro.

Los periodistas tenemos algo de dinosaurios, pero dudo que haya meteorito que nos extinga. Y hablando de prehistoria, el pasado viernes, tras finalizar el acto de presentación del libro de Chencho, algunos colegas nos fuimos a una cafetería. En un momento de la tertulia, alguien recordó una de las leyendas urbanas de la redacción de Lucas de Tuy, acerca de la propiedad de un zapato inexplicablemente abandonado durante años en un archivador. Era el fósil del Diario, nuestro topo de la Catedral. Un extraño objeto de procedencia desconocida. ¿Y por qué uno y no los dos? A saber. Nadie lo reclamó jamás. Pues todavía hubo quien me pidió que confesara -dado que el delito ya ha prescrito- que era mío. Sólo me creyó Susana Vergara, aunque entre risas. Cuenta Hemingway en el comienzo de Las nieves del Kilimanjaro , que los escaladores que alcanzan su cima se asombran de que en lo más alto de la misma se halle un esqueleto de leopardo, sin que se haya podido jamás dar una explicación lógica sobre cómo pudo haber llegado el animal hasta allí, a 5.895 metros de altura. Pues lo mismo con el zapato, ¿cómo llegó al archivador, a qué Ceniciento pertenecía? Un expediente X.

Conque, lector, si escucha algo al respecto, créame, dicho calzado no era mío, aunque fuese de mi número y similar a los que usaba. Pero si me preguntan si tuve algo que ver con lo del leopardo, entonces, ay, silbaré y miraré al techo. Ah, viejos amigos charlando sobre sus propias leyendas. Ah, la vida Ah, el pe riodismo.

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