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León

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No sólo se cierra una mina más, aunque en este caso no sea de carbón, sino que se clausura la única industria de Boñar y su comarca si exceptuamos la estacional «industria» del esquí. El cierre anunciado de la explotación de talco de Puebla de Lillo y de las plantas de transformación del mineral, situadas en La Vega y Boñar, será un hecho el próximo dos de enero y dejará sin empleo a 38 personas.

Siendo cierto que la extinción de los empleos viene acompañada de unas indemnizaciones que podrían calificarse de «razonables» para los tiempos que corren (y para los que se esperan) no lo es menos que la noticia del cierre inmediato ha sido recibida con la lógica inquietud en toda la comarca por la repercusión que va a tener la desaparición de unos empleos estables tan necesarios en áreas deprimidas y con un alto índice de envejecimiento.

El grupo Rio Tinto Minerals justifica el cierre por el agotamiento de las reservas de Mina Respina, -explotación a cielo abierto de la que en los últimos años se sacaban hasta 50.000 toneladas de mineral de muy alta calidad- pero lo cierto es que a tan solo ocho kilómetros de Respina, en Cofiñal, se ha constatado la existencia de otro importante yacimiento. Los esfuerzos del comité de empresa para que la dirección de la empresa buscase alternativas al cierre explotando un nuevo cielo abierto no dieron fruto y todo indica que en los números gruesos del grupo -que controla el 25% de la demanda de talco en el mundo- no encajaba ya la explotación de la montaña leonesa.

El cierre de la mina de talco -que comenzó a funcionar en 1925- rubrica el «annus horribilis» de la minería leonesa que ha visto echar el cerrojo a pozos llenos de historia, y de trabajo, como el Calderón, y que ha llenado el paisaje de Eres y de incertidumbre. En las actuales circunstancias, y con la espada de Damocles de la fecha del 2018 como la del fin de la minería, lo único que cabe esperar y exigir es: menos optimismos baratos, que se restablezca la actividad cuanto antes y que, sin tardanza, se sienten las nuevas bases económicas e industriales que garanticen un futuro digno a las comarcas mineras. La otra opción es hacer la maleta.

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