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josé luis suárez roca
León

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M uy trastornada está dejando a la población la crisis de marras. Súbditos hay por este reino leonés que incluso te ponen en duda la existencia de la propia crisis. La crudísima temporada invernal, desoladora, que no cesan de anunciarnos los Magos del Supermercado Capitalista, les parece ahora tan dudosa como la aventura de los Magos de Oriente. Ese camino lleno de agobios, de aldeas más escuálidas y ciudades abatidas; esa cuesta de meses como cuervos por venir, y tantos hombres perturbados por su alma en crisis económica, les parece pura quimera.

«¿Cómo que en los valles del norte y el oeste miles de mineros han sido arrojados a la ruina? ¿Cómo que en los páramos del sur miles de surcos y tractores van corriendo hacia la nada? ¡Eso es un espejismo!» De esta forma, un poco lírica, comenzó a poner sus dudas un electricista muy leído, socialista de los de Felipe, sobre la barra del bar. «Esas visiones apocalípticas-¦ ¡que se las coman los poetas!» El escepticismo y el tono fueron elevándose. «¿Cómo que León fue cuna del parlamentarismo, de la democracia representativa? A ese tal Keane y sus secuaces no les rige bien la mollera. ¡Nada menos que en aquellos tiempos de tiranía feudalista, cuando los reyes eran unos taumaturgos-¦!». De rondón se nos coló entonces una que iba de feminista radical, pues con mucho ardor se puso a defender con su copa en ristre la idea de que en la cabalgata de los Magos desfilase una reina, una maga. «¡A estas alturas del siglo y sin Reina Maga, joder!» Maga sólo hay una, cielo, la de «Rayuela», pensé yo. Y con cara de liebres descreídas seguimos a nuestra bola. Cada vez que el electricista entraba en acción, la santa duda penetraba más hondo en nuestros caletres. Efectivamente, nos costaba creer esas milongas que vaticinan madrugadas de rabia y crisis inmensa de la tierra... «¡Es como si un paisaje fecundo en mirlos pudiera de repente inficionarse de blancos pajarracos subnormales!» O como si por arte de nigromancia nos arrebataran de nuestra memoria todos los cuentos de Antonio Pereira. Pereira, Mago del relato oral, ¡qué bien suena en la lengua de una reina árabe uno de tus cuentos! Con tu «¡Manos arriba!» vuelto en árabe marroquí tendríamos que hablar desde esta misma mañana de «Las Mil y dos noches».

Así que acabamos renegando de estos malditos Magos de Occidente que quieren hacernos vivir en estado de crisis profunda. No debíamos sucumbir a sus sortilegios económicos. «De cualquier modo, León, con todos los reyes, magos o no, democráticos o no, siempre ha tenido buen rollo», sentenció el iluminado. «¡Y con las reinas, coño!», apuntilló la feminista. Quizá tengas razón, reina. Pero por ahí nunca llegarás a Maga. La lengua de la Maga hacía cosquillas.

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