León

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N o sin envidia, he visto en el periódico a nuestro alcalde con un jersey muy favorecedor que le quitaba años; pero también con unos kilines navideños de más, que volvían a ponerle encima todo aquello que dicha prenda le quitaba. «Ay mísero de mí, ay infelice», que clamaban nuestros clásicos ante los recochineos del destino. A ciertas edades, don Francisco, la suya y la mía, las calorías más que quemarlas hay ya que carbonizarlas en el potro de torturas. Vale, lo suyo es presentarse a la alcaldía y no a un casting para doblar a James Bond en las escenas peligrosas, pero me reconocerá que el año político se presenta tremendo. Como deduzco que no tiene tiempo para mucha flexión, me permito recomendarle la siguiente técnica de adelgazamiento instantáneo, y sin necesidad de levantar pesas o darle paseos más largos al perro. Llame al interventor municipal y pregúntele: ¿»Cómo andamos de tesorería?». Y tras escuchar la cifra, notará como de repente ha adelgazado, y no precisamente porque la respuesta le haya quitado un peso de encima. Cierto es que se ha pagado a proveedores que en su día presentaron la factura en maravedíes, pero todavía esperan en la puerta, entre otros, los Cien Mil Hijos de San Luis, a quienes se les adeuda aún el concierto que dieron en unas fiestas patronales, por no hablar de ciertas justas a Bermudo el Gotoso.

Pero el Ayuntamiento de León no es el único con problemillas de tesorería. Este año, los monarcas de Oriente han venido escasines, como republicanos en el exilio. En mi casa: solo carbón. Le hicieron caso al delegado territorial, Eduardo Fernández, quien había pedido a sus majestades que nos los trajesen en grandes cantidades. Lo acato con disciplina, aunque la próxima vez, si no es molestia, que me lo despachase Sara Carbonero en vez de un señor con barba.

Dicen que 2011 vendrá «igualico, igualico, que el difunto de su abuelico». O sea, ay, carbonísimo. Y sin embargo, aquí estamos, sintiendo algo similar al humor y a la esperanza; al menos, tiene sus destellos. Aquí estamos, aferrados a las viejas convicciones que no envejecen. Siempre adelante. Más aún: hoy mismo me pongo a dieta y saldré a buscar -”en las rebajas-” un jersey como el del alcalde. A ver.

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